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Autor Tema: El Antihilo (para eso que no sabes en qué hilo poner)  (Leído 143734 veces)
Narodniy Komissar
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За Родину со Сталиным - вперёд!


« Respuesta #1365 : 08 Agosto 2019, 08:48:30 »

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OMG!

Muy atentamente,

Arnold Iosifovich.

Las birras de Peter como FUCK THE DUST son un peligro camarada.

Pidorasi rasstrelyat
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«Y en la medida en que hemos ya aprendido a apreciar la técnica, es hora de declarar francamente que lo principal consiste ahora en los hombres, que dominan la técnica... Es preciso cuidar a cada trabajador capaz y comprensivo, cuidarle y educarle. Es necesario cultivar cuidadosa y atentamente a los hombres, como un jardinero cultiva su árbol frutal favorito.»

I. V. Stalin
supernova0
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WWW
« Respuesta #1366 : 08 Agosto 2019, 18:48:46 »

El plan de Rusia para que lleguen millones de inmigrantes al país en los próximos seis años


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Problemas de rusia para mantener y hacer que su poblacion crezcan, un grave problema. Mirar como estados unidos, brasil, pakistan, india, china, tienen cada vez mas poblacion y crece su economia. Rusia por el territorio que tiene, tendria que tener 300 millones de habitantes minimo. Pero supongo que lograran solucionar el problema. Hablan de recibir 10 millones de emigrantes, de ex republicas seguramente.

Si la poblacion sigue bajando, es un problema para mantener a rusia como superpotencia, aunque le van a encontrar la vuelta, eso pienso.







 
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LA RENGA
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A la carga mi rocanrol, desborda cualquier mar
que contenga el gran vaso de tu cola de paja.
y si mi boca de dragón enciende la mecha
y no te gusta que diga una sola verdad
vas a usar tu prensa para aplastarme,
y a la canción de la vida vas a desterrar.
Vas a estar perdiendo el tiempo,
porque atrás nuestro viene un viento
que derriba todo lo que toca,
porque mi canto ya tiene otras bocas
y ya nadie lo puede callar.
A la carga mi rocanrol, desborda cualquier mar
que contenga el gran vaso de tu cola de paja.
si mi lengua de fuego no tiene ni un pelo
y no te gusta que te cuente la realidad
vas a apuntar tu cañón a nuestras mentes
y a la canción de la vida aniquilar.
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Kobzón
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Especialista en infiernos totalitarios


« Respuesta #1367 : 09 Agosto 2019, 11:54:44 »

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Las birras de Peter como FUCK THE DUST son un peligro camarada.

Pidorasi rasstrelyat

Viva STALIN, me cago en dios!!!
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- Nacionalidad?
- Ruso
- Ocupacion?
- No, solo de visita
rusoski
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« Respuesta #1368 : 09 Agosto 2019, 14:41:24 »

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( extraordinario sobre el cambio climatico, desgraciadamente largisimo ... )
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Arnold Iosifovich
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Cocainum!!!


« Respuesta #1369 : 12 Agosto 2019, 01:08:10 »

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Cocainum!!!
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El resumen de la pelicula "Commando"
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El resumen de la pelicula "Red Heat"
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El resumen de la pelicula "Euromaydan"
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NOVODVORSKAYA S
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« Respuesta #1370 : 16 Agosto 2019, 14:02:00 »

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El tanque Armata y los patriotas ucranianos tienen una cosa en comun: la torre deshabitada.

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rusoski
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« Respuesta #1371 : 16 Agosto 2019, 19:23:17 »

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JUEVES, 15 DE AGOSTO DE 2019
La ideología climática ha triunfado porque está promovida por el imperialismo

Gordon MacDonald: entre la CIA y la ciencia
La evolución de la ideología climática (y 6)

Juan Manuel Olarieta

Los científicos como Revelle jamás hubieran podido desatar una paranoia, como la climática, sin su estrecha asociación al centro de poder por antonomasia de la Guerra Fría, sito en Washington. Ahora sabemos que, como cualquier otro tinglado de ese tipo, formaban parte de un equipo secreto llamado Jason cuyo objeto eran operaciones ideológicas en masa como las que iniciaron contra Lysenko o las de tipo climático.

Durante aquellos primeros años, la ideología oficial seguía siendo el enfriamiento, que los portavoces ideológicos del imperialismo presentaban con el mismo alarde catastrofista que ahora. Los científicos que hablaban del calentamiento eran una minoría insignificante, incluso dentro del ámbito académico. Eran pocos pero eran el imperialismo o, por lo menos, una parte de él.

Se trataba, pues, de imponer la doctrina dentro de la “ciencia” para luego propagarla como tal a los altavoces mediáticos, es decir, no como una consigna militarista sino como “ciencia”. Naturalmente que tampoco se trataba de unas u otras teorías, como algunos creen, sino que ya se había dado el salto de la “ingeniería climática” al armamento climático.

Con el apoyo de General Electric y el Pentágono, en los años cuarenta los científicos Vincent Schaefer y Irving Langmuir pusieron en marcha el Proyecto Cirrus, luego reconvertido en Stormfury, un plan para modificar el clima con fines bélicos (lluvias, huracanes, tornados, ciclones), que en 1967 se puso en marcha en Vietnam con el nombre de Operación Popeye, un intento de modificar el clima que se prolongó hasta 1974.

Muy pocos años después, en 1978, los mismos imperialistas que habían convertido al clima en un arma de guerra, introdujeron en la ONU un tratado internacional que prohibía el uso del armamento climático en la guerra, otro ejemplo del “doble juego” ideológico que desempeña la paranoia climática: al mismo tiempo que los “científicos” estadounidenses utilizan el clima como arma, previenen sobre el cambio climático.

Los mismos organismos que alertan sobre el cambio climático financian los programas militares de cambio climático. Por ejemplo, entre 1962 y 1983 el Instituto Meteorológico (Weather Bureau, luego denominado National Weather Service) financió el Proyecto Stormfury.

Quien llevó a cabo el intento de modificar el clima de Indochina no fue la Fuerza Aérea sino los aviones de la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration), un organismo a la vez científico y militar, hoy muy conocido por ser uno de los propulsores de la paranoia climática.

El imperialismo encubría sus planes de cambiar el clima con la manta del CO2. En 1963 el Presidente Johnson aseguró ante el Congreso que a causa de la quema de combustibles fósiles su generación “había alterado la composición de la atmósfera a escala mundial”. Su gobierno encargó un estudio sobre el asunto a su Comité Científico Asesor.

Dos años después el Comité publicó su informe sobre los tópicos favoritos que forman parte de la alarma climática: aumento de los niveles de CO2, la rápida descongelación de la Antártida, el aumento del nivel del mar, el aumento de la acidez del océano... El informe señala, además, que esos cambios requerirán un esfuerzo mundial coordinado para prevenirlos, lo que indica que Estados Unidos comenzaba a imponer su propia política como algo consustancial a la ONU.

Uno de los “científicos” que contribuyeron a desatar la alarma fue Gordon MacDonald, asesor del Presidente Johnson y enlace de la CIA con Jason. En 1968 publicó “Cómo destruir el medio ambiente”, un recetario de las modernas paranoias seudoecologistas. Al mismo tiempo que se preocupaba del medio ambiente, MacDonald colaboraba como geofísico en la guerra contra el pueblo vietnamita.

Como el resto del equipo científico Jason, MacDonald mostraba dos rostros. Por un lado, fue uno de los fundadores de la Agencia de Protección Medioambiental y, por el otro, escribió que “un huracán bajo control se puede utilizar como arma para aterrorizar a los adversarios en partes sustanciales de la población mundial”.

Fue pionero en la SRM (Solar Radiation Management), la manipulación de la radiación solar con fines bélicos. La SRM tiene la pretensión de devolver la radiación infrarroja de nuevo al espacio exterior mediante la dispersión de partículas en la atmósfera, lo que puede impedir el calentamiento, según creían. Para ello, MacDonald propuso recurrir al empleo de misiles en lugar de aviones.

Otro interesante arma ecológica que se le ocurrió a MacDonald fue explotar bombas atómicas para hacer que las capas de hielo polar se deslizaran hacia el océano, causando así maremotos “catastróficos para cualquier país costero”.

También sugirió que la creación de un agujero en la capa de ozono de la atmósfera podría ser un arma eficaz “fatal para la vida”. Según MacDonald las perturbaciones del medio ambiente podían producir, además, cambios en los patrones de comportamiento de las personas, es decir, manipular a la población manipulando el medio ambiente. En cualquier caso, escribe, para Estados Unidos “es ventajoso garantizar su propio entorno natural pacífico para sí mismo y un entorno perturbado para sus competidores”.

Entre 1964 y 1967 formó parte de los asesores de la National Science Foundation para la Modificación del Clima, cuyas conclusiones fueron criticadas por el Journal of the American Statistical Association por la característica manipulación de las estimaciones: “Es deplorable que tales tonterías aparezcan con la cobertura de la Academia Nacional de Ciencias”.

En 1992 el Vicepresidente Al Gore le introdujo en el exótico Comité Medea (Measurements of Earth Data for Environmental Analysis), a medio camino entre el espionaje y la ciencia. Se trataba de recuperar viejos archivos de la CIA y el KGB que contenían información sobre el Ártico tomada por los satélites de vigilancia.

Tanto la Armada como la Fuerza Aérea de Estados Unidos crearon varios escuadrones, conocidos como los “guerreros del clima”,  para militarizar el clima. Algunos de ellos colaboran con la Organización Meteorológica Mundial.

En 1973, tras la guerra árabe israelí, los precios del petróleo se dispararon y, con ellos, las campañas seudoecologistas contra los combustibles fósiles.

El Presidente Carter instaló 32 paneles solares en el techo de la Casa Blanca y los grandes monopolios comenzaron a crear fundaciones contra el cambio climático. Entre ellos destacan Krupp y MacDonald’s, por cuya iniciativa Estados Unidos creó una Oficina sobre los efectos del dióxido de carbono (1). Al calor de las subvenciones las ONG ambientalistas comenzaron a proliferar por todos los países occidentales.


La prensa cambió los titulares que habían predominado hasta entonces: ya no hay que tener miedo el enfriamiento sino al calentamiento. No escatimaron en gastos. En 1958 subcontrataron al director de cine  Frank Capra para que realizara el documental “The Unchained Goddess” que, entre otros temas, ya alertaba sobre el calentamiento mundial (2), un anticipo de la “verdad incómoda” que en 2006 rodaría la Paramount para Al Gore.

En 1977 el equipo Jason envió un informe al Departamento de Energía con las típicas previsiones para el futuro, una vez que se duplique la concentración de CO2 en la atmósfera que, como las demás, es pura ficción.

Estados Unidos internacionaliza la paranoia. En 1979, en la reunión del G-7 en Tokio, las grandes potencias imperialistas firman una declaración solemne comprometiéndose a reducir las emisiones de CO2. Al mismo tiempo, se celebra en Ginebra la primera Conferencia Mundial sobre el Clima, en la que científicos de 50 países aseguran que es necesario actuar urgentementemente. Son los primeros pasos para llevar el cambio climático a la ONU e institucionalizarlo.

Progresivamente, a los partidarios de la doctrina del calentamiento les ponen al frente de los departamentos universitarios, e incluso los crean para ellos, como la unidad del clima de la Universidad de East Anglia, en Gran Bretaña, financian investigaciones dirigidas, organizan conferencias internacionales de expertos y crean revistas especializadas... En 1981 el New York Times llevó por primera vez el “efecto invernadero” a su primera plana. Aquel año sólo un 38 por ciento de los estadounidenses había oído hablar alguna vez del “efecto invernadero”. En 1989 el porcentaje había subido al 79 por ciento.

El punto de viraje de las ideologías climáticas se produjo en 1988 con las dos compareciencias de James Hansen y el senador demócrata Thimothy Wirth en el Senado de Estados Unidos y la creación del IPCC, un montaje de envergadura que culminó en 2007 con la insólita concesión del Premio Nóbel de la Paz, junto con el vicepresidente Al Gore.

Cuando dos años después se publicaron los correos internos de los climatólogos de la Universidad de East Anglia confesando sus manipulaciones, “el mayor escándalo científico de nuestra generación”, según confesó The Telegraph (3), a nadie pareció importarle. Lo que sostiene las concepciones climáticas actuales no es la verdad ni la mentira sino los padrinos.

En muy pocos años el imperialismo ha podido alterar radicalmente una concepción científica tan arraigada, como el enfriamiento, por su contraria, lo cual muestra a las claras la actitud gregaria de la humanidad en general y de los científicos en particular, que disimulan bajo términos grotescos, tales como “consenso científico”, lo que no son más que ideologías trasnochadas.

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Serie completa:
- La evolución de la ideología climática
- Una de las mayores revoluciones científicas: el descubrimiento de los glaciares
- El segundo principio de la termodinámica: entre la ciencia y el mito
- El origen de la subcultura carbónica
- El clima se pone a las órdenes del comandante científico de la Guerra Fría: Roger Revelle
Publicado por Movimiento Político de Resistencia en 18:12
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timochenko
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« Respuesta #1372 : 20 Agosto 2019, 15:48:10 »

Link con un mapa interactivo de las Fuerzas Armadas de Rusia:
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Está realizado por una "ONG" financiada por la OTAN.
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torrestucar
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« Respuesta #1373 : 22 Agosto 2019, 20:15:33 »


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Incendio forestal (Archivo)¿Por qué el incendio en la Amazonía importa menos que Notre Dame?
01:19 22.08.2019(actualizada a las 01:43 22.08.2019)
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« Respuesta #1374 : 06 Septiembre 2019, 21:43:26 »

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( LA VERDAD SOBRE EL CAMBIO CLIMATICO_EL NEGOCIO DE LA ONU
con alguna pequeña salvedad, recomendable )
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« Respuesta #1375 : 07 Septiembre 2019, 21:50:52 »

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SÁBADO, 7 DE SEPTIEMBRE DE 2019
El llamado ‘calentamiento global’ es un mito seudocientífico

El científico francés Marcel Leroux
Entrevista realizada en 2007 a Marcel Leroux, profesor emérito de Climatología, antiguo director del LCRE (Laboratorio de Climatología, Riesgos y Entorno) del Centro de Investigaciones Científicas, miembro de la Sociedad Americana de Meteorología y de la Sociedad Meteorológica de Francia.

Lo característico del clima es el cambio. Sin embargo, hay un discurso actual que afirma que los cambios actuales están llevando a un calentamiento global inevitable. ¿El estudio del pasado confirma esta interpretación?

No porque, a escala paleoclimática, los cambios han sido mucho más significativos de lo que nos dicen. Así, en África, durante el último máximo glaciar, es decir, entre 18.000 y 15.000 años antes de nuestra época, las temperaturas medias fueron 5°C más bajas que las actuales y el desierto se extendió considerablemente hacia el sur, mientras que el bosque casi había desaparecido, mientras que durante el óptimo climático del Holoceno, entre 9.000 y 6.000 años antes de nuestra época, las temperaturas eran 2°C más altas que las actuales y los bosques superaban con creces su extensión actual. En cuanto al Sáhara, recibió lluvias relativamente intensas, tanto de origen mediterráneo como tropical. Estaba salpicado de lagos y pantanos y los pastores lo visitaban, como lo demuestran los numerosos dibujos rupestres.

Después de perder la larga memoria paleoclimática, ¿no estamos perdiendo también nuestra memoria climática inmediata?

Hoy en día, la memoria es muy selectiva, porque olvidamos el otoño sorprendentemente frío de agosto de 2006 y nos apresuramos a olvidar el invierno de 2005-2006, que batió récords de frío o nevadas, o el invierno de 2000, cuando Siberia registró sus temperaturas más bajas y Mongolia pidió ayuda internacional. Por no hablar de África, que durante los años sesenta se benefició de precipitaciones superiores a lo normal. El área del Sahel retrocedió hacia el norte, haciendo recular al desierto. Al mismo tiempo, en el norte de Eurasia y Canadá, el bosque boreal y la agricultura se desplazaron hacia el norte. Luego, a partir de 1972, cuando se invirtió la tendencia, las precipitaciones disminuyeron drásticamente y el Sahel volvió a desplazarse gradualmente hacia el sur.

¿Debería la gente tener miedo del calentamiento predicho por algunos ‘expertos’?

Históricamente los períodos cálidos siempre han sido buenos, como por ejemplo al principio de nuestra era durante los años triunfantes de la República Romana y el Imperio. Durante la epopeya vikinga de Groenlandia y Norteamérica, entre 1150 y 1300, en Europa central y occidental prevaleció un óptimo climático que desplazó los cultivos, particularmente la vid, de 4 a 5 grados de latitud hacia el norte. El “dulce siglo XII” representa en la tradición escocesa una “edad de oro” con sus inviernos suaves y veranos secos. Luego, después de un descenso de la temperatura, se volvió a un período “caliente” conocido por los especialistas como el óptimo climático medieval, que favoreció, en particular, los largos viajes de descubrimiento.

Por el contrario, los episodios de frío se consideraron como “oscuros”, como el que después de 1410 rompió las relaciones con Groenlandia o el de la “Pequeña Edad de Hielo” entre 1600 y 1850, que alcanzó su mayor intensidad alrededor de 1708-1709, que Reaumur llamó “el año del gran invierno”, período durante el cual los glaciares alpinos alcanzaron una gran extensión, como lo demuestran en 1789 los “Cahiers de doléances” (*) de los agricultores chamoniardos cuyas praderas habían sido invadidas por el hielo. Por lo tanto, es ridículo que los medios de comunicación afirmen que el calor es sinónimo de calamidad, especialmente para las personas que, durante el invierno, sólo piensan en el verano, soñando con su jubilación para residir en el sur o en España, o incluso en Marruecos, es decir, ¡al sol! De esta manera, la “increíble suavidad” de diciembre de 2006 y la reducción de la factura de calefacción podrían ser presentadas por los medios de comunicación como desastres.

Usted sostiene que si el desierto del Sahara avanza no es por las razones que se suelen dar. Pero si se produjera un calentamiento global sostenido, ¿no sería de temer que nos tengamos que enfrentar a terribles desastres en África debido al aumento de las temperaturas?

La historia nos muestra que todos los períodos calurosos en África han sido períodos lluviosos, especialmente en la Edad Media, lo que permitió la época de prosperidad (entre 1200 y 1500) de los grandes imperios sahelo-sudaneses. En cuanto a la actual disminución de las precipitaciones en el sur del Sáhara, es todo lo contrario de un escenario de calentamiento, que desmiente claramente lo que afirma el IPCC (**). Cabe señalar que en los trópicos, las lluvias caen principalmente en la estación cálida.

Si se produjera un calentamiento, habría una mejora de las precipitaciones, pero actualmente no es el caso. El actual desplazamiento hacia el sur de la zona del Sahel, y por lo tanto del Sáhara, es del orden de 200 a 300 kilómetros y el fenómeno, que comenzó en los años 70, es similar al último máximo glaciar, entre 18.000 y 15.000 años antes de nuestros días, cuando el Sáhara se movía 1.000 kilómetros hacia el sur, no en un contexto de calentamiento de los polos sino, por el contrario, con un patrón de aumento del enfriamiento de los polos, lo que contradice una vez más el escenario infundado del IPCC (**), de los ecologistas y de los medios de comunicación.

Entonces, ¿cuál es la base de lo que ustede califica como el ‘mito’ del calentamiento global?

En 1988 Estados Unidos experimentó una dramática sequía con vientos de polvo, que recordaban a los años 30, los años de la “dust bowl” [bandeja de polvo], ilustrados por John Steinbeck en “Las uvas de la ira”. En junio de 1988 J. Hansen (de la NASA) presentó al Congreso una curva en la que, a los promedios anuales, sumó un promedio establecido en los últimos cinco meses que tuvo el efecto de aumentar artificialmente la curva térmica de Estados Unidos.

Este proceso deshonesto desencadenó entonces el “pánico climático” de larga duración ya preparado por los movimientos ecologistas, que condujo a la creación del IPCC (**) en 1989. A partir de esa fecha, el número de los llamados climatólogos, la mayoría de las veces autoproclamados o nombrados por los gobiernos, aumentó drásticamente. El clima se convirtió en la preocupación de las organizaciones ambientalistas, los llamados periodistas científicos, los medios de comunicación y los políticos. Al mismo tiempo, todo fue hiper-simplificado por los delegados nombrados por los gobiernos y calificados como “expertos” (es decir, políticos o politólogos) que redactaron, como en París en febrero de 2007, el “Resumen para los responsables de tomar las decisiones”. En esos encuentros, a base de simplificaciones y negociaciones, e incuso de mentiras vergonzantes, se orquestan los golpes mediáticos destinados a impresionar a la opinión pública.

De esta manera, en 1995 se introdujo sin debate científico la fórmula aún no probada de la “responsabilidad humana en el cambio climático”. Para entonces estábamos ya muy lejos del clima en sí. Pero así es como los políticos y los medios de comunicación suben el listón del calentamiento global catastrófico... ¡con la misma confianza y vigor que en los años setenta cuando anunciaron el regreso de una “nueva era glacial”!

Vayamos al efecto invernadero, si no le importa. ¿Debemos creer a los expertos y a los medios de comunicación cuando aseguran que el CO2 es el factor único del cambio climático y de todos los fenómenos meteorológicos?

El 95 por ciento del efecto invernadero se debe al vapor de agua. El dióxido de carbono, o CO2, representa sólo el 3,62 por ciento del efecto invernadero, 26 veces menos que el vapor de agua. Dado que el vapor de agua se produce casi al 100 por ciento de forma natural, al igual que la mayoría de los demás gases emisores (CO2 y CH4 o metano), el efecto invernadero es esencialmente un fenómeno natural. Sólo una pequeña proporción (el llamado efecto invernadero antropogénico) puede atribuirse a las actividades humanas, con un valor total del 0,28 por ciento del efecto invernadero total, incluido un 0,12 por ciento sólo para el CO2, es decir, una proporción insignificante o incluso completamente insignificante. Así que es estúpido afirmar que las tasas actuales nunca han sido tan altas desde... 650.000 años según la última afirmación. Especialmente porque los estudios paleoclimáticos no han revelado ninguna relación entre el CO2 y la temperatura. En resumen, no se ha establecido ninguna relación causal, físicamente fundada, probada y cuantificada, entre la evolución de la temperatura (ascenso, pero también descenso) y la variación del efecto invernadero por el CO2. A fortiori, no se demuestra ninguna relación entre las actividades humanas y el clima: el hombre no es en absoluto responsable del cambio climático.

Perdone una pregunta brutal: ¿se está calentando la Tierra, sí o no?

La llamada “temperatura media mundial” aumentó en 0,74° durante el período 1906-2005. Pero, sobre todo, los datos observados muestran que algunas regiones se están calentando mientras que otras se están enfriando. Algunas regiones se han enfriado, como el Ártico occidental y Groenlandia, mientras que otras se han calentado, como el Mar de Noruega y sus alrededores, a una escala anual de ±1°C y en invierno a ±2°C, durante el período 1954-2003. El espacio del norte del Pacífico está cambiando de manera similar con un enfriamiento sobre Siberia oriental, especialmente en invierno, y un fuerte calentamiento sobre Alaska y el Estrecho de Bering. Por lo tanto, es absolutamente inexacto afirmar que el planeta se está calentando. El “cambio climático” no es sinónimo de “calentamiento global” porque el “clima global” no existe. Además, y como acabo de decirle, el cambio climático no depende en absoluto del CO2, y el hombre no es en absoluto responsable de ello, excepto en el contexto limitado de las ciudades.

¿Qué hay que decir a quienes aseguran que hay importantes amenazas para el Ártico y la Antártida?

Que mezclan todo: clima, contaminación, ecología y ecologismo, desarrollo sostenible, primicias mediáticas, propaganda y hechos reales, a menudo distorsionados, política e intereses económicos (admitidos y no reconocidos). Por lo tanto, hay muchas inconsistencias, declaraciones gratuitas, imposibilidades físicas y mentiras descaradas.

Sin embargo, Groenlandia se está derritiendo y la Antártida se está desintegrando...

Es cierto que el hielo se derrite en las capas inferiores alrededor de Groenlandia, bañadas por el aire caliente del sur. Pero en 1816 y 1817, por ejemplo, fue posible alcanzar el Polo a lo largo de las costas de Groenlandia. Por otro lado, los satélites demuestran que la parte más alta de Groenlandia se enfría y se eleva 6 centímetros al año debido a las fuertes nevadas.

En cuanto a la Antártida, es particularmente estable e incluso se beneficia de un aumento de la masa glacial en su parte oriental. La Península Antártica es una excepción bien conocida por los climatólogos. Debido a su latitud y a la proximidad de los Andes, que canalizan vigorosamente el flujo ciclónico caliente y húmedo hacia el sur, las tierras bajas del sur están experimentando una notable evolución. Están cada vez más ahuecadas, mientras que su trayectoria es cada vez más meridional, y la temperatura del aire está aumentando. Así, como en las proximidades del Mar de Noruega (o en la región del Estrecho de Alaska-Bering), el calentamiento de la Península Antártica, falsamente atribuido por el IPCC al efecto invernadero, está controlado por una intensificación de la circulación de aire caliente y húmedo de fuentes tropicales lejanas hacia el Polo.

¿Cómo explica los cambios que se están produciendo en Europa?

Para responder a su pregunta de una manera que sea entendida por los no especialistas, digamos que en el área del Atlántico norte, mientras que el Ártico occidental se está enfriando y los sistemas de alta presión que salen del Polo son más poderosos, la afluencia ciclónica de aire asociada con las bajas lleva más aire caliente y húmedo de origen subtropical, incluso tropical, al Mar de Noruega y más allá. Como resultado, la temperatura aumenta y las precipitaciones (nevadas en la parte superior, sobre Groenlandia y Escandinavia) aumentan. A medida que la presión disminuye, las tormentas aumentan, con más depresiones llegando a latitudes más septentrionales. Dado que Europa occidental se encuentra en el camino de los ciclones del sur, también se beneficia de un calentamiento o incluso de un exceso local de lluvia.

Cabe señalar que en el Atlántico, la aglutinación anticiclónica (AA), comúnmente conocida como Pico de las Azores, es más potente y se extiende más hacia el sur, razón por la cual el Sahel atlántico, y en particular el archipiélago de Cabo Verde, está experimentando una sequía más pronunciada que en el continente vecino. El Mediterráneo, que extiende este espacio atlántico, es más frío y, por tanto, más seco en su cuenca oriental (como en Europa Central), mientras que la presión de la superficie también está aumentando. Este aumento de la presión, y no el CO2, es el responsable en nuestras regiones de largas secuencias sin lluvia (o nieve en las montañas) cuando la situación se mantiene alta durante mucho tiempo, o períodos de calor, o incluso olas de calor como en agosto de 2003.

Pero aún así, como se suele decir, ‘los glaciares están desapareciendo’

¿Por qué no decir que eran aún más pequeños en los Alpes en la Edad Media y que la longitud de su lengua glaciar depende hoy de su suministro de nieve antes del período actual? Esto es aún más cierto en las nieves de altura en el Kilimanjaro, otro ejemplo muy publicitado, cercano a los 6.000 metros, donde no es la temperatura (aquí por debajo de 0°C) la que ha variado, sino, como en otros lugares, las condiciones de las precipitaciones.

También se dice que habrá más y más ciclones y más violentos.

Los meteorólogos tropicales no están de acuerdo, pero no se les escucha... Incluso afirman que no se observa ninguna tendencia al alza. En cuanto al simposio sobre ciclones tropicales celebrado en Costa Rica bajo los auspicios de la Organización Meteorológica Mundial en diciembre de 2006, llegó incluso a la conclusión de que ningún ciclón puede atribuirse directamente al cambio climático. Chris Landsea, experto indiscutible en huracanes, prefirió renunciar al IPCC porque no quería contribuir a un proceso motivado por objetivos preconcebidos y científicamente infundados. Pero el daño causado por los ciclones ofrece imágenes tan “hermosas” a las revistas y a los noticieros de televisión... El ejemplo del “Katrina” es explotado descaradamente, mientras que la ruptura de los diques de Nueva Orleans fue un desastre que ya se había anunciado desde hacía mucho tiempo...

Hablando de catástrofes... Algunos medios afirman incluso que la Corriente del Golfo se detendrá...

Para que eso ocurra, el viento, que es el motor de las corrientes marinas superficiales, tendría que dejar de soplar, en otras palabras, todo el tráfico aéreo y oceánico se tendría que bloquear, lo cual es naturalmente inverosímil. También se dice que el mar está subiendo, pero ninguna curva lo prueba, excepto unos pocos centímetros hipotéticos (12 centímetros en 140 años), y ninguna tierra ha desaparecido todavía. Las predicciones, a menudo de carácter “hollywoodiense”, se basan en modelos climáticos cuya eficacia es muy debatida. En primer lugar, y esto es lo último para los modelos digitaless, por los propios matemáticos que consideran que los modelos utilizados son tan simples, burdos, empíricos y falaces que las conclusiones que se extraen de ellos no tienen valor predictivo.

¿Cuál es el futuro de la climatología en el clima actual políticamente correcto?

En lugar de trazar planes muy hipotéticos para el cometa 2100, la climatología, que ha estado en un callejón sin salida conceptual durante unos 50 años, debería, en cambio, tratar de contribuir eficazmente a la identificación de medidas apropiadas para la prevención y adaptación al clima en un futuro próximo. Porque el cambio climático -evolucionar constantemente forma parte de la naturaleza del clima- es muy real, pero es una contradicción con el escenario caliente que nos imponen actualmente, como lo demuestra el continuo aumento de la presión atmosférica en muchas regiones, incluida Francia. Este cambio en el clima no es el que predijo el IPCC. Pero los teóricos y modelistas prestan poca atención a la observación de fenómenos reales. Son las razones y los mecanismos de este cambio permanente los que deben ser seriamente definidos por la climatología. Al mismo tiempo, otras disciplinas, a las que sirve la mezcla de géneros y que no necesitan el ilusorio espantapájaros climático, podrán dedicarse eficazmente al control de la contaminación o al desarrollo sostenible.

(*) En Francia llaman “Cahiers de doléances” a una investigación emprendida entre los campesinos franceses poco antes de la Revolución de 1789 para conocer sus quejas.
(**) El IPCC es el organismo de la ONU que centraliza la información climatológica.

La Nouvelle Revue d’Histoire núm.31, julio-agosto de 2007, pgs. 15 a 18
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« Respuesta #1376 : 11 Septiembre 2019, 22:09:44 »

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MIÉRCOLES, 11 DE SEPTIEMBRE DE 2019
¿Realmente hay más CO2 en la atmósfera que nunca antes?

Juan Manuel Olarieta

En materia seudoecologista hay unanimidad también entre los medios reaccionarios y los posmodernos. “La Tierra ha alcanzado hoy niveles de CO2 nunca vistos en varios millones de años”, titulaba El Confidencial (1) en mayo y lo mismo sostenía ayer El Salto Diario (2). La supervivencia del planeta no conoce clases sociales porque es un empeño unánime, de toda la humanidad. De esa manera, los artículos de unos y otros son intercambiables. Lo que dice Ecologistas en Acción es lo mismo que dice el Fondo Monetario Internacional.

No es que ese tipo de titulares sean ciertos o falsos sino que son tan absurdos como decir que “la estabilidad climática está rota”, una de las frases antológicas de El Salto Diario. ¿Cuándo ha habido alguna estabilidad climática?

Otra idiotez del artículo de El Salto es afirmar que a Keeling “le dio por registrar la concentración de CO2”. También es posible que se rascara el bolsillo para poner un observatorio en lo alto de un volcán en Hawai.

No obstante, la ridiculez típica de todo este tipo de basura es insistir en que hay más CO2 en la atmósfera que nunca, lo que es rotundamente falso. En la historia de la Tierra es difícil encontrar nieveles de CO2 tan reducidos como en la actualidad. En el Cámbrico, hace más de 500 millones de años, había entre 3.000 y 7.000 partes por millón, unas diez más que en la actualidad. Una concentración tan baja de CO2 como la actual sólo se encuentra una vez en la historia de la Tierra: durante el período Carbonífero/Pérmico, cuando cayó por debajo de 210 ppm.

Pero eso no es todo: el descenso de CO2 se produjo simultáneamente a un aumento de 8°C de la la temperatura, por lo que ocurrió todo lo contrario de lo que sostienen los seudoecologistas. Lo mismo ocurrió desde el final del Jurásico hasta el final del Cretácico: el contenido atmosférico de CO2 se redujo de 2.300 a 1.000 ppm, mientras que la temperatura fue respectivamente entre 2°C y 8°C más elevada que la actual.

Los seudoecologistas se aprovechan de que los lectores ya no tienen un termómetro en sus casas, como antiguamente, ni tampoco un sensor portátil de CO2, que pueden comprar en internet por unos 300 euros. Hay numerosas marcas y empresas comercializadoras, cuya publicidad para vender el aparato es mucho mejor que las patrañas de los seudoeologistas.

No sólo el IPCC o Keeling o los científicos pueden medir los niveles de CO2; está al alcance de cualquiera comprobar en su casa que el CO2 se puede multiplicar por cuatro muy fácilmente, sobre todo si no abre las ventanas. Si una concentración 415 ppm los seudoecologistas la consideran tan dramática, ni nos imaginamos cuando el lector vea que en su habitación se ha disparado a 2.000 ppm en unas pocas horas y ni se ha dado cuenta. Si 415 ppm lo consideran como un record histórico, es posible que el lector pretenda figurar en el Libro Guiness con las mediciones que hace en su propia vivienda.

El lector supondrá entonces que las mediciones de CO2 que hace en la habitación de su casa no son representativas del planeta, y tiene razón. En tal caso deberá preguntarse si lo son las que hace Keeling y el IPCC en un volcán de Hawai, que -por cierto- está activo.

Lo mismo que las temperaturas, las mediciones de CO2 reúnen dos características fundamentales, son locales y son oscilantes. Cambian con el espacio y con el tiempo y, desde luego, ha habido épocas históricas en las que han sido muy superiores a las actuales, tanto antes como después de la aparición del hombre sobre la Tierra, tanto antes como después de la llamada “era industrial”.

Si una mañana el lector coge la baja y va al médico porque tiene unas décimas de fiebre, sabe que su cuerpo tiene una temperatura “normal” y que la fiebre es un incremento de esa temperatura. Pero, ¿cuál es la concentración “normal” de CO2 en la atmósfera?, ¿qué patrón tiene la ciencia para decir que ha aumentado respecto a un determinado nivel?, ¿en qué momento histórico se pone ese nivel?, ¿por qué lo situan en 350 ppm?, ¿en qué se basan para hacerlo?

La respuesta a esas preguntas es puramente ideológica porque está encaminada a dar una respuesta tópica: el patrón de normalidad se pone en el origen de una supuesta “época preindustrial” porque la elevación de los niveles de CO2 es consecuencia de ella, es decir, de la humanidad, que quema “combustibles fósiles” en grandes cantidades.

En tal caso las mediciones cambian su significado, porque ya no se trata de que la concentración atmosférica de CO2 oscile de manera natural sino que debemos averiguar si ha dejado de ser oscilante para convertirse en lineal y aumentar continuamente, como nos quieren hacer creer. Para ello deberían demostrarnos qué proporción del CO2 atmosférico tiene un origen exclusivamente industrial o antrópico.

No hay una respuesta fácil, pero según los cálculos del geoquímico noruego Tom V. Segalstad, sólo un 5 por ciento del CO2 que hay en la atmósfera tiene un origen industrial (3). Se trata, pues, de una cantidad pequeña que, además, se refiere a otra casi insignificante, que es la concentración total de CO2, del orden de 0,04 en términos porcentuales. ¿Cómo es posible que un elemento tan poco significativo de la atmósfera sea capaz de causar una “emergencia climática” de vastas proporciones?, ¿cómo es posible que hayan colocado al CO2 en el centro de un drama internacional?

La publicidad seudoecologista habla mucho de las emisiones de CO2 pero casi nada de los sumideros. Hablan de que el grifo de la bañera está abierto, pero callan que no tiene tapón. El artículo de El Salto Diario sugiere que los sumideros de CO2, como el océano, están llegando “a niveles de saturación” y que es “muy difícil que puedan seguir capturando CO2 al ritmo que lo hacían antes”. Vuelve a ser falso. Un artículo publicado en abril de este mismo año en Nature aseguraba todo lo contrario: “Los sumideros mundiales de carbono en tierra y en los océanos han aumentado proporcionalmente con el aumento de las emisiones de dióxido de carbono durante las últimas décadas” (4).

Es muy obvio: si han aumentado las emisiones de CO2 también ha aumentado la capacidad para absorberlas.

Pero sobre todo, cuando leemos un determinado tipo de estupideces sobre el cálculo de las emisiones de CO2 a la atmófera, no podemos dejar de recordar que hace unos pocos meses los medios nos hablaban de que Volkswagen había sido condenada por falsificar las suyas.

La paranoia climática ha llegado a tal punto que las técnicas de medición de las emisiones de CO2 son un tema de investigación en sí mismo. El IPCC ha impuesto un canon que quiere ser único, como el del Vaticano, con la diferencia de que revisan el canon periódicamente, como ocurrió en mayo de este año. Las mediciones van cambiando y la manera de medir también. En cada país el gobierno impone por decreto cómo se deben medir las emisiones, los decretos cambian con el tiempo, con cada gobierno y con cada país. Luego alguien suma toda esas mediciones diferentes y se queda tan ancho...

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« Respuesta #1377 : 12 Septiembre 2019, 22:06:10 »

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El que ha visto Ucrania ya no se rie en un circo.
rusoski
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« Respuesta #1378 : 18 Septiembre 2019, 14:12:16 »

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MIÉRCOLES, 18 DE SEPTIEMBRE DE 2019

‘Es bueno que la población del Tercer Mundo padezca hambre porque ayuda a combatir el calentamiento del planeta’

Magnus Söderlund
Hoy a cualquier mequetrefe que se ponga al servicio del imperialismo le llaman “científico” y hacen pasar sus imbecilidades como “ciencia”, lo cual posteriomente es digerido por millones de personas como si así fuera, es decir, como si la ciencia fuera compatible con cualquier aberración.

Todos los días los medios intoxicadores propagan tonterías como si fuera ciencia de verdad, como el caso del sueco Magnus Söderlund, un idiota que durante una emisión en el canal sueco de televisión TV4 propuso el canibalismo para combatir el cambio climático (1).

Este gilipollas participó en Estocolmo en una congreso sobre alimentos del futuro en el que lanzó su genial propuesta: la posibilidad de comer personas en nombre de la reducción de las emisiones de CO2.

La mitología moderna ha convertido al CO2 en un factótum, un gas omnipresente que causa todos los males de la tierra, el mar y el aire. Es el demonio de la religión moderna, que está presente en la geofísica, la oceanografía, la medicina, la biología y, naturalmente, la gastronomía.

El canibalismo no es única opción para reducir las emisiones de CO2. Otra posibilidad es mantener el hambre en el mundo, porque se trata de eso: el planeta está por encima de las personas. Es preferible que el mundo pase hambre antes de que el planeta se caliente.


Keeve Nachman
Si los países del Tercer Mundo insisten en lograr una dieta nutritiva con las calorías adecuadas, aumentarán las emisiones de gases de efecto invernadero y el uso del agua, según informó el lunes un grupo de seudocientíficos y charlatanes encabezados por Keeve Nachman, todos ellos con membrete de la Universidad Johns Hopkins, Baltimore, Estados Unidos.

La idiotez sigue también los derroteros de la posmodernidad seudocientífica que consiste en poner los ordenadores en funcionamiento, algo que en inglés llaman “gigo”: si en un ordenador metes basura sólo puedes sacar basura (“garbage in, garbage out”). Es la ley número uno de la informática. Un idiota con ordenador sólo extrae conclusiones a su imagen y semejanza.

La imbecilidad la ha publicado la revista “Global Environmental Change” (2). Los charlatanes de Baltimore crearon un modelo informatico que analiza la influencia de los cambios dietéticos en 140 países sobre las emisiones de gases de efecto invernadero y el consumo de agua dulce a escala individual y nacional.

Si trasladamos a los hambrientos del Tercer Mundo a un lugar donde no estén sufriendo desnutrición crónica, dice Nachman, necesitarán comer más y, en consecuencia, deberán aumentar su huella de carbono”.

Esa no puede ser la solución a los problemas del planeta, sostiene Nachman. Lo que hay que hacer es imponer las dietas veganas en el Primer Mundo. Por lo tanto, no basta con la “transición ecológica” sino que, además, debemos llevar a cabo una “transición dietética”, lo cual es aún más complicado, según Nachman, porque “puede ser difícil lidiar con la idea de que tendré que renunciar a un alimento para siempre”.

La imbecilidad seudocientífica también demuestra que el país de origen de un alimento también determina su impacto climático. Por ejemplo, producir 1 kilo de carne en Paraguay contribuye casi 17 veces más gases de efecto invernadero que hacerlo en Dinamarca debido a la deforestación para conseguir campos de pastoreo.

Por lo tanto, es mejor que la producción alimentaria se traslade al Primer Mundo.

Estamos rodeados por una manada de cretinos que se van apoderando progresivamente de las universidades, los laboratorios y los centros de investigación.

Su tarea consiste en justificar la peores lacras del capitalismo con un marchamo científico del que carecen. Pero lo peor son los lacayos: ese rebaño de medios que publican las imbecilidades, que prestan servicios de altavoz y a los que no son ajenos las ONG, los sindicatos y toda clase de partidos y colectivos posmodernos que han hecho de la imbecilidad un modo de ganarse la sopa boba.

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