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Autor Tema: La hazaña de Barberán y Collar  (Leído 2742 veces)
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« : 02 Febrero 2011, 20:40:47 »

La hazaña de Barberán y Collar


"Una de las mayores hazañas de la aeronáutica, fue la proeza de volar sin escalas entre España y Cuba."

En la madrugada del 9 al 10 Junio de 1933 los pilotos españoles Mariano Barberán y Joaquín Collar despegaban la nave los "Cuatro Vientos", del aeropuerto de Tablada en Sevilla, España. Así comenzaba, una de las mayores hazañas de la Aviación universal. El vuelo constaba de dos etapas, la primera, llevar a cabo un vuelo, que hasta la fecha, no se había realizado: España-Cuba, sin escalas y la segunda etapa, Cuba-México.

En ese momento iba a ser la distancia más larga recorrida en una aeronave sobre el mar - 8,000 kilómetros-. Otro de los riesgos de la hazaña era que por primera vez se hacía un viaje directo de un continente hasta una isla. No había espacio para el más mínimo fallo de navegación. A pesar de esto, el peligro no dejaba de estar latente: primero por tener un solo motor y segundo porque un mínimo desvío malgastaría el combustible y haría imposible el aterrizaje en tierra.

Cuentan que entraron por la antigua provincia de Oriente y se guiaron por la línea del ferrocarril central, el sistema de comunicación entre las estaciones y paraderos de trenes mantenía el aviso sobre la ruta de los españoles. El 11 de Junio -casi 40 horas después- llegaban al campo de vuelo de Camagüey, a las 3: 39 de la tarde, una travesía de 2 días y 2 noches. Cientos de personas, acompañados de la prensa los esperaba.


Comparados con los monstruos de la aviación actual, el Cuatro Vientos podrá parecernos ahora un avioncito. Era, en su tiempo, un avión poderoso. Un Breguet XIX Superbidón, fabricado totalmente en España con patente francesa. Sexquiplano de duraluminio, que,  con las modificaciones que le introdujeron ingenieros españoles a espaldas de la parte francesa, podía llevar 5 400 litros de combustible, la gasolina justa para llegar a Cuba.

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El “Cuatro Vientos” durante su fabricación en CASA.

Dotado de un  motor Hispano Suiza, de carburación mejorada, con 650 caballos de fuerza. Tenía una envergadura de 14,83 m, una longitud de 9,50 y una altura de 3,34 m. Si bien su velocidad de crucero no sobrepasaba los 180 km por hora, era un descanso para el piloto, pues perdonaba fallos  y prácticamente volaba solo.  Barberán y Collar volaron sin aparato de radio a fin de aligerar el peso de la nave y cargar la mayor cantidad posible de combustible. Como en buena medida debían guiar su rumbo por la brújula y las estrellas, la cabina era de cristal irrompible, pero podía lanzarse en caso de emergencia. En ese mismo caso, con solo tirar de una palanca se vaciaba en medio minuto el depósito mayor de gasolina y el Cuatro Vientos podía flotar en el mar. Solo un detalle preocupaba a Barberán: la hélice era de madera, y no podía cambiarse sin que lo advirtieran los franceses.

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Ruta de Barberán y Collar

Con sus 38 años de edad, el capitán  Mariano Barberán era toda una autoridad en lo que a la aeronáutica se refiere y un piloto muy calificado, y  el teniente Collar (26 años) el piloto de pruebas más hábil de la aviación española. Aunque se llevaban muy bien, eran  opuestos en todo. Barberán usaba  gafas y lucía una calvicie avanzada. Soltero empedernido, era hombre retraído, serio, de pocas palabras, tímido, afable. Collar, en tanto, gustaba de la vida despreocupada y alegre y, sobre todo, de las mujeres, y pese a sus convicciones y sentido del deber  se empeñaba a veces en parecer frívolo. Un hombre apuesto que sacaba partido a su profesión porque sabía que las muchachas lo veían como un héroe.

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Mariano Barberán y Joaquín Collar

Entraron por la antigua provincia de Oriente y se guiaron por la línea del ferrocarril central, el sistema de comunicación entre las estaciones y paraderos de trenes mantenía el aviso sobre la ruta de los españoles.  El 11 de junio de 1933, a las 3:39 PM el Cuatro Vientos tocó tierra cubana en el campo de aviación de Camagüey, más una extensa sabana que un aeropuerto.  Cientos de personas, acompañados de la prensa los esperaba.

Esa misma noche, a bordo de un avión militar, llegaba a esa ciudad el sargento mecánico español Modesto Madariaga, que días antes había arribado por barco a La Habana. Debía  revisar el Cuatro Vientos y  hacerle las reparaciones que estimara oportunas. Como el motor funcionaba como  nuevo y el tren de aterrizaje se encontraba  intacto pese al gran peso que soportó en el despegue a causa del combustible, se limitó a engrasarlo y a repostarlo de aceite y gasolina.

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(No estoy seguro de si esta fotografía es al llegar a Cuba o saliendo de Sevilla)

Al día siguiente, a las 2:20 de la tarde, el Cuatro Vientos volvía a elevarse, con la escolta de cuatro aviones del Ejército cubano, con destino al campo militar de Columbia. Y es aquí, el día 17, cuando se da la voz de alerta al detectársele un salidero en el depósito principal de gasolina. Madariaga solucionó el problema con la ayuda de mecánicos cubanos. Nada se dice, sin embargo, de la hélice del avión. Con respecto a su estado hay dos testimonios valiosísimos en El vuelo del Cuatro Vientos y que sus autores recogieron en Cuba. “Se ha dicho lo del salidero de gasolina, pero no se ha comentado el penoso estado de la hélice”, dijo uno de los testimoniantes. Y el otro: “… Aquella hélice estaba algo astillada y se veía muy maltratada. No sé si pudieron repararla bien y en cualquier caso, era un punto débil en todos los aviones de la época”.

En la Habana y Camagüey  recibieron cálidas muestras de admiración y cariño en ambas ciudades. Homenajes que Barberán y Collar reciprocaron al donar para los sectores menos favorecidos de cubanos y españoles residentes las cuantiosas sumas de dinero con que instituciones bancarias radicadas en la Isla quisieron recompensar su hazaña.

En la Habana los recibieron las autoridades municipales, los presidentes del Senado y de la Cámara y los secretarios (ministros) de despacho, así como las sociedades regionales españolas y otras como la Asociación de Dependientes del Comercio. A muchos llama la atención que el dictador Machado, a quien quedaban ya solo dos meses en el poder,  no los recibiera. En verdad, no tenía por qué hacerlo. El protocolo no lo obligaba y aunque el viaje se vio como una muestra de fraternidad entre España y su antigua colonia, aquellos pilotos no traían mensaje alguno para el gobierno cubano. La república española no lo veía con buenos ojos, y Machado se sintió disminuido al saber que el destino final de Barberán y Collar era la Ciudad de México y no La Habana. 

Barberán y Collar salieron precipitadamente de La Habana. Debían partir rumbo a México el jueves 22 de junio y salieron a las 5:35 de la mañana del martes 20.  Se desconoce  por qué Barberán tomó tal determinación, de la que no le pudo hacer desistir el propio Collar ni su amigo el piloto español Francisco Iglesias, avecindado en La Habana tras su matrimonio con una Gómez Mena, que sabía que no había preparado ese viaje con la meticulosidad con que solía hacerlo, ni tampoco lo convencieron el teniente Oscar Riverí, jefe de la Meteorología Militar cubana, ni el sacerdote jesuita Gutiérrez Lanza, del Observatorio de Belén, que le aseguraron que encontraría mal tiempo entre Veracruz y la Ciudad de México.

Tampoco aceptó el ofrecimiento del capitán Torres Menier, jefe de la Aviación, de que se instalara en el avión un aparato de radio. Barberán estaba agobiado. Lo perturbaban el calor del verano habanero, la falta de descanso, los banquetes, los brindis y aquellos discursos en los que, corto de palabra como era, terminaba siempre por decir lo mismo.

Unos 300 000 voluntarios mexicanos y españoles radicados en México registraron alrededor de 200 000 kilómetros cuadrados del territorio para localizar los restos del aparato y a sus tripulantes, vivos o muertos. Se les buscó asimismo en el mar.  Treinta días después cesó la búsqueda cuando se encontró un salvavidas de la aeronave en una playa mexicana. El Cuatro Vientos, se dijo entonces y esa es la versión oficial, había caído en las aguas del Golfo de México.   En 1941, sin embargo, comenzó a cobrar cuerpo otra historia: el avión cayó en tierra y sus pilotos, asesinados.

La hazaña quedó presente para los camagüeyanos en un monumento recordatorio con los bustos de los audaces pilotos, situados en una céntrica área del famoso Casino Campestre, hermoso parque de la ciudad de Camagüey.

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También se han impreso sellos de correo con las efigies de los connotados aviadores españoles.

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Fuentes:

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« Respuesta #1 : 02 Febrero 2011, 21:54:42 »

Otro excelente documento acerca de la hazaña de Barberán y Collar. Tiene unas fotografías espléndidas.

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(En este texto se aclara que la foto sobre la que tenía dudas fue tomada en Cuba.)

Saludos.
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« Respuesta #2 : 02 Febrero 2011, 22:04:43 »

En 2008 fue "reeditada" la hazaña de Barberán y Collar por un CASA-295 que realizó el mismo trayecto del "Cuatro Vientos" desde España hasta Camagüey. Este avión también fue bautizado "Cuatro Vientos"

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