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Estudio y Formación en tiempos actuales

Iniciado por Nazamny, 05 Mayo 2026, 01:19:23

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Nazamny

¡ESTA JOVEN CAMARADA PROMETE: VEREMOS, COMO DICE OTRO CAMARADA!

DEL PERIÓDICO OBRERO A LA TRINCHERA DIGITAL

DIVERSIFICACIÓN DE PLATAFORMAS E INDEPENDENCIA ESTRATÉGICA EN LA ORGANIZACIÓN REVOLUCIONARIA

1. LA TESIS ORIGINAL DE LENIN: EL PERIÓDICO COMO ORGANIZADOR COLECTIVO

Lenin no concebía el periódico como un mero altavoz propagandístico. En "¿Qué hacer?", publicado en 1902, lo define como un "organizador colectivo". La metáfora que emplea es precisa: si los obreros están dispersos, si cada fábrica es una isla y cada huelga un estallido aislado, el periódico es el andamio que conecta todas esas luchas y las transforma en un movimiento único y consciente.

No se trata solo de leer. Se trata de escribir, distribuir, comentar, discutir, financiar y, sobre todo, organizarse. Cada ejemplar de Iskra que viajaba de mano en mano creaba una red de corresponsales clandestinos, distribuidores voluntarios y lectores comprometidos. Esa red era, en embrión, la futura organización revolucionaria. El periódico no era el fin, sino el medio para construir el partido.

Es importante precisar aquí el contexto histórico. Cuando Lenin escribió ¿Qué hacer?, el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR) aún no se había escindido en bolcheviques y mencheviques. Iskra era en aquel momento el órgano del partido unificado, una herramienta que Lenin pretendía utilizar para cohesionar a los distintos comités dispersos bajo una línea común. La escisión llegaría precisamente en el II Congreso de 1903, el mismo que consagró a Iskra como órgano oficial del partido. Paradójicamente, tras ese congreso los mencheviques se hicieron con el control del periódico y Lenin quedó fuera de la redacción. El instrumento que había diseñado para unificar al partido terminó en manos de sus adversarios políticos.

Esta paradoja histórica no invalida la tesis de Lenin, sino que la refuerza. El periódico era tan poderoso como herramienta que su control se convirtió en el campo de batalla decisivo entre las dos facciones. Quien controlaba el periódico, controlaba la línea política del partido. Quien perdía el periódico, quedaba temporalmente desarmado. La historia de Iskra demuestra que la lucha por la hegemonía se libra también en el terreno de la comunicación.

Lenin era taxativo: sin un periódico centralizado que unificara la línea política y conectara los comités dispersos, la espontaneidad de las masas se disolvería en mil pedazos tras cada derrota. La prensa obrera era el sistema nervioso del proletariado, el canal por el que la conciencia de clase viajaba de la vanguardia intelectual al conjunto del movimiento.

Hoy, más de un siglo después, aquella tesis sigue siendo válida, pero el ecosistema ha cambiado radicalmente. Los periódicos clandestinos han dejado paso a las redes sociales, las newsletters y las plataformas digitales. La pregunta no es si la tesis de Lenin sigue vigente, sino cómo aplicarla en un entorno donde las herramientas de comunicación no nos pertenecen.

2. LA PARADOJA DIGITAL: HERRAMIENTAS DEL ENEMIGO EN MANOS REVOLUCIONARIAS

Aquí reside la gran contradicción de nuestro tiempo. El periódico Iskra era, en su momento fundacional, el órgano del partido unificado. Sus imprentas, sus correos, sus distribuidores estaban controlados por los revolucionarios. Hoy, las herramientas equivalentes (X, Telegram, Substack, YouTube) pertenecen al enemigo. Elon Musk, Mark Zuckerberg, los fondos de inversión y las grandes corporaciones deciden los algoritmos, las reglas de visibilidad y las condiciones de uso. Pueden censurar, bloquear o invisibilizar cualquier contenido en cualquier momento.

¿Significa esto que debemos abandonar esas herramientas y retirarnos a la clandestinidad analógica? No. Significa que debemos usarlas con una estrategia clara: (...)
https://t.me/Ana_Munoz_Delatorre/168

Nazamny

ANECDOTAS Y ORGULLO  REVOLUCIONARIO
En la aldea india de Vannivelampatti, el comunismo es más que una ideología: es un legado. Aquí, generaciones enteras lo han transmitido a través del activismo, la tradición familiar e incluso los nombres que dan a sus hijos.
https://t.me/FidelistaPS/463685

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LA CAMARADA  ANA MUÑOZ DE LA TORRE NOS RECUERDA EL ENFOQUE DE   LENIN EN "QUÉ  HACER" SOBRE  EL TERRORISMO INDIVIDUAL

Aquí os dejo otro texto perteneciente a mi sección de Substack "VIGENCIA DE LENIN:" RELEYENDO "¿QUÉ HACER?". Recordaros que podéis compartir una misma suscripción entre varias personas, hasta 5. Y que podéis usar este chat para organizaros. También, como ya he dicho en otras ocasiones, si alguien está interesado en suscribirse para poder leer este y mucho otro contenido y sus condiciones materiales no se lo permiten (país, situación) por favor decídmelo. Estaré encantada de regalaros una suscripción anual.

DE LA BOMBA AL LIKE: LA DEGRADACIÓN DE LA RESISTENCIA Y LA NECESIDAD DE LA ORGANIZACIÓN
1. LA TESIS ORIGINAL DE LENIN: LA CRÍTICA AL TERROR INDIVIDUAL

Lenin dedicó páginas fundamentales de ¿Qué hacer? a combatir una desviación que amenazaba con descarrilar el movimiento revolucionario ruso: el terror individual. Su crítica no era moral, no era un debate sobre métodos aceptables o inaceptables. Era una crítica estratégica, materialista, basada en el análisis concreto de las consecuencias políticas de cada acción.

El terror individual, en la Rusia zarista de principios del siglo XX, consistía en atentados selectivos contra figuras del régimen. Un funcionario, un policía, un ministro. La lógica de sus defensores era atractiva en su simplicidad: un acto espectacular que golpeara al corazón del enemigo despertaría a las masas, demostraría la vulnerabilidad del poder y aceleraría la revolución. La realidad, argumentaba Lenin, era exactamente la contraria.

El primer problema del terror individual era que aislaba al revolucionario. Convertía la lucha en un asunto de héroes solitarios, de conspiradores clandestinos, de mártires que morían sin haber construido organización. Cada atentado era un fogonazo que iluminaba el cielo durante un instante y luego dejaba una oscuridad más profunda. El régimen zarista respondía con represión masiva, justificada ante la opinión pública precisamente por esos actos. Y la clase obrera, lejos de despertar, retrocedía atemorizada.

El segundo problema: el terror individual le hacía el juego al enemigo. Le daba la excusa perfecta para la represión, le permitía presentarse como víctima y justificar el incremento del aparato policial. Cada bomba contra un funcionario era un argumento para más presupuesto en seguridad, más detenciones arbitrarias y más control. El terror individual no debilitaba al Estado, lo fortalecía.

El tercer problema, y el más profundo, era que sustituía la lucha de masas por la acción de una élite. En lugar de organizar a los obreros, de formar cuadros, de construir un partido que pudiera dirigir a millones, los defensores del terror individual confiaban en que un puñado de acciones espectaculares harían el trabajo. Lenin era tajante: la revolución no la hacen los héroes solitarios, la hacen las masas organizadas. Quien confía en el acto individual renuncia a la única fuerza que puede transformar la sociedad.

2. LA DEGRADACIÓN ACTUAL: DEL TERROR A LA PANTALLA COREOGRÁFICA

Más de un siglo después, aquel debate ha quedado superado por una realidad que ni siquiera Lenin podría haber imaginado. El terror individual no ha desaparecido, se ha degradado. Ha pasado de la bomba al like, del atentado al trending topic, del mártir al influencer. (Sigue leyendo)
https://anamunozdelatorre.substack.com/p/de-la-bomba-al-like-la-degradacion?r=87m7ws

https://t.me/Ana_Munoz_Delatorre/172

Nazamny

#3
ANA MUÑOZ DE LA TORRE

LA LUCHA POR LA HEGEMONÍA: QUÉ HACER ANTE LA AUSENCIA DE PARTIDO REVOLUCIONARIO

1. LA TESIS DE LENIN: LA HEGEMONÍA NO SE HEREDA, SE CONQUISTA


Lenin no daba nada por sentado. En ¿Qué hacer?, publicado en 1902, partía de una premisa que sacudía los cimientos del pensamiento revolucionario de su época: la conciencia socialista no surge espontáneamente de la clase obrera. La burguesía, con todos sus recursos —prensa, escuelas, parlamentos—, ocupa el terreno ideológico mucho antes de que el proletariado tenga oportunidad de articular una respuesta propia. Por tanto, la hegemonía no se hereda por el simple hecho de representar los intereses de la mayoría explotada. Se conquista. Y se conquista disputando cada palmo de terreno a la ideología dominante.

Los economicistas contra los que Lenin combatía afirmaban que la clase trabajadora alcanzaría la conciencia política de forma natural, a través de la lucha por mejoras salariales. Lenin respondió que, abandonada a su espontaneidad, la clase obrera solo desarrolla conciencia sindical, no revolucionaria. La conciencia política —la comprensión de que la raíz de la explotación está en el sistema mismo— debe ser introducida desde fuera por la vanguardia.

Aquí reside el núcleo de la tesis leninista. Se trata de una batalla ideológica total, en la que la burguesía utiliza todos los instrumentos a su alcance —la escuela, los medios, el entretenimiento, y también los partidos burgueses revisionistas que se presentan como izquierda— para mantener a la clase obrera atrapada en un marco mental que considera el capitalismo como el orden natural de las cosas.

Los instrumentos han cambiado, pero la función es idéntica. En 1902, el zarismo se apoyaba en la Iglesia ortodoxa para mantener a las masas en la sumisión intelectual. Hoy, en la Europa occidental del siglo XXI, ese mismo papel lo desempeñan el fútbol, las redes sociales, las plataformas de streaming, los reality shows y toda una industria del entretenimiento diseñada para ocupar el tiempo libre y vaciar la capacidad crítica. Son formas distintas de un mismo fenómeno: la alienación como sustituto del pensamiento. El objetivo nunca ha sido convencer a las masas de las bondades del capitalismo. El objetivo ha sido, y sigue siendo, impedir que las masas se hagan preguntas.

La hegemonía, en el siglo XXI, se ejerce no tanto a través de la censura explícita, sino a través de la saturación. Demasiado ruido, demasiado contenido, demasiado estímulo para que quede espacio para la reflexión. Y cuando alguien, a pesar de todo, empieza a hacerse preguntas, el sistema tiene preparada una respuesta: los partidos revisionistas que se presentan como izquierda y que actúan como válvula de escape, canalizando el descontento hacia el reformismo estéril.

2. EL PARTIDO COMO CAMPO DE BATALLA

La lucha por la hegemonía, explicaba Lenin, no se libra en abstracto. Se libra en el seno de la organización que debe dirigir a la clase obrera: el partido. Es ahí, en los congresos, en los debates internos, en la línea política que se aprueba, donde se decide si el movimiento obrero avanza hacia la revolución o se desvía hacia el reformismo.

La historia del POSDR ilustra esta dinámica con claridad. En el II Congreso de 1903, bolcheviques y mencheviques se separaron definitivamente. Lo que estaba en juego era la hegemonía sobre el partido: quién definía la estrategia, quién marcaba el horizonte, quién controlaba las herramientas de comunicación. Lenin perdió entonces el control de Iskra, el periódico que había fundado, y sus adversarios se hicieron con él. Pero aquella derrota táctica no fue definitiva. Lenin reconstruyó su red de cuadros, fundó nuevos periódicos como Vperiod y Proletari, y mantuvo viva la organización bolchevique hasta la Revolución de Octubre. La lección que se extrae de aquel episodio es tan sencilla como contundente: el periódico puede perderse, la organización no. Porque es la organización la que sostiene el periódico, y no al revés.

https://t.me/Ana_Munoz_Delatorre/193

Nazamny

Esta lección es hoy más pertinente que nunca. Porque la batalla que Lenin libró en 1903 ya no se puede librar en los partidos comunistas europeos. Sencillamente, ya no existen como tales. Han sido conquistados por el reformismo, cuando no directamente por el capital. La socialdemocracia, que en tiempos de Lenin era una corriente dentro del movimiento obrero, es hoy la única fuerza que ocupa el espacio institucional de la izquierda. Y los partidos que aún se autodenominan comunistas son, en el mejor de los casos, cáscaras vacías donde la militancia revolucionaria ha sido purgada, desmovilizada o simplemente ignorada.

No es un fenómeno aislado. Es la regla. Todos los partidos comunistas europeos han seguido el mismo camino: del marxismo-leninismo al eurocomunismo, del eurocomunismo al reformismo, y del reformismo a la gestoría del capital. Hablo de esto con la autoridad de quien ha militado en el PCE y ha luchado desde dentro para revertir este proceso. Incluso cuando el partido retomó formalmente el marxismo-leninismo en su XX Congreso, en la praxis la dirección de Enrique Santiago se encargó de que aquello se quedara sobre el papel. El partido siguió aplicando las mismas políticas socialdemócratas de siempre, y los congresos posteriores se encargaron de vaciar de contenido aquella declaración. La batalla por la hegemonía dentro de esos partidos está perdida. Y quienes aún la libran desde dentro se enfrentan a estructuras diseñadas precisamente para impedir cualquier avance revolucionario.

3. LA TRAMPA ELECTORAL: EL MARCO BURGUÉS COMO JAULA IDEOLÓGICA

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GANAR ELECCIONES NO ES TOMAR EL PODER: LO QUE CHÁVEZ NOS ENSEÑÓ, Y LO QUE SYRIZA Y PODEMOS NOS CONFIRMARON: PARTE I

1. INTRODUCCIÓN: LA PREGUNTA QUE LA IZQUIERDA NO QUIERE RESPONDER


¿Se puede transformar la sociedad desde dentro de las instituciones del Estado burgués? Esta pregunta ha dividido a la izquierda durante más de un siglo. Para unos, la vía electoral es una herramienta más en la lucha por el socialismo. Para otros, es una trampa que destruye la energía revolucionaria, convirtiéndola en un reformismo estéril que perpetúa el mismo sistema de dominación que el socialismo pretende abolir.

En este ensayo vamos a analizar tres experiencias históricas que iluminan esta cuestión desde ángulos distintos. Por un lado, la Revolución Bolivariana de Hugo Chávez, que sobrevivió a golpes de Estado, sabotajes y bloqueos. Por otro, el gobierno de Syriza en Grecia, que se desmoronó en semanas frente a la Troika. Y para completar el análisis, examinaremos también el caso de Podemos, que ni siquiera llegó a gobernar en solitario y que representa la versión más deplorable del reformismo: el fracaso desde la oposición.

Para entenderlo, vamos a examinar la naturaleza del respaldo social que sustentaba a cada proyecto y, sobre todo, el grado de maduración política y organizativa que existía en la base popular antes de que se depositaran los votos en las urnas. Porque la hipótesis de partida es tan sencilla como incómoda: ganar elecciones no es lo mismo que tomar el poder.

2. CHÁVEZ: LA REVOLUCIÓN QUE SE CONSTRUYÓ ANTES DE LLEGAR AL PODER

Hugo Chávez no llegó a la presidencia de Venezuela en 1998 como un líder improvisado. Detrás de su victoria electoral había décadas de trabajo de base, de formación política en los barrios, en las fábricas y en los cuarteles. Chávez entendió, desde sus tiempos como oficial del ejército, que la única forma de transformar Venezuela era creando una conciencia revolucionaria en el pueblo. No se trataba solo de ganar unas elecciones, sino de preparar a la población para resistir lo que inevitablemente vendría después.

El Movimiento Bolivariano Revolucionario 200, fundado por Chávez en 1982, fue el embrión de esta estrategia. Durante años, sus militantes se dedicaron a organizar a las comunidades, a alfabetizar, a crear círculos de estudio y a tejer una red de solidaridad que llegaba a los rincones más pobres del país. Cuando Chávez llegó al poder, no se encontró con una masa amorfa de votantes, sino con un pueblo organizado y consciente de su papel histórico.

Por eso, cuando llegaron el golpe de Estado de 2002, el paro petrolero de 2003 y las sanciones imperiales, el pueblo venezolano no se desmoronó. Salió a la calle a defender su revolución porque sabía lo que estaba en juego. La conciencia de clase, forjada durante años de trabajo silencioso, fue el escudo que protegió el proceso bolivariano. Chávez no fue un líder que iluminó a las masas, fue el producto de unas masas que ya estaban organizadas y que encontraron en él a su mejor expresión política.

3. SYRIZA: EL FRACASO DE LA IZQUIERDA ELECTORAL DESDE EL GOBIERNO

El caso de Syriza en Grecia es el contrapunto perfecto. En 2015, este partido de izquierda ganó las elecciones con un programa que prometía acabar con la austeridad impuesta por la Troika. El apoyo popular fue masivo, la ilusión desbordante. Sin embargo, apenas unas semanas después de llegar al gobierno, Syriza se vio obligada a firmar un tercer rescate que perpetuaba las mismas políticas que había prometido combatir.
https://t.me/Ana_Munoz_Delatorre/208

Esto  nos dice la autora
Hola a todos. Siento haber estado unos días sin publicar. Necesitaba unos días de descanso mental antes del estreno de mi nuevo canal de Youtube, #LaTrincheraDeAna, este Martes a las 21h de España.
Aquí os dejo mi publicación de hoy. Lo pongo COMPLETO para que podáis leerlo TODOS y, si queréis, debatirlo.
Si queréis apoyar este proyecto independiente económicamente, podéis hacerlo entrando en el enlace de abajo. (3€/mes con descuento aplicado).
Un millón de gracias a todos.
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Nazamny

GANAR ELECCIONES NO ES TOMAR EL PODER: LO QUE CHÁVEZ NOS ENSEÑÓ, Y LO QUE SYRIZA Y PODEMOS NOS CONFIRMARON: PARTES II Y III

¿Qué falló? La respuesta es sencilla y demoledora: no había organización popular detrás del voto. El apoyo a Syriza fue un voto prestado, una reacción emocional contra la miseria, pero no estaba respaldado por un tejido social preparado para resistir. No había conciencia de clase generalizada, no había estructuras de poder popular, no había un plan de formación. El pueblo griego votó contra la Troika, pero no estaba organizado para enfrentarse a ella.

Cuando la Troika apretó, Syriza no tuvo más remedio que rendirse. El gobierno se encontró solo, sin el respaldo activo de una ciudadanía dispuesta a tomar las calles y paralizar el país para defender su programa. La lección fue clara: el poder real no reside en los despachos, sino en la capacidad de movilización y resistencia de la clase trabajadora. Syriza ganó unas elecciones, pero nunca tuvo el poder.

4. PODEMOS: EL FRACASO DE LA IZQUIERDA ELECTORAL DESDE LA OPOSICIÓN

Si Syriza fracasó desde el gobierno, Podemos lo hizo desde la oposición. Nacido en 2014 al calor del 15M, Podemos prometía asaltar los cielos, romper con el bipartidismo y devolver la voz a la gente. En pocos años, sin embargo, se convirtió en un partido más del régimen, fagocitado por sus propias contradicciones y por la lógica del sistema que decía combatir.

La diferencia con Syriza es aún más sangrante: Podemos ni siquiera llegó a gobernar en solitario. Su estrategia se basó en un apoyo electoral volátil, sin trabajo de base, sin formación revolucionaria y sin organización popular real. El partido se construyó sobre el carisma de sus líderes y la inmediatez de las redes sociales, no sobre la conciencia de clase. Nunca tuvo cuadros, solo afiliados votantes. Se intentaron crear círculos, pero sin formación política previa, aquellos espacios se convirtieron en un desierto de buenismo interclasista.

Porque Podemos fue, desde su origen, un movimiento interclasista. Ese fue su pecado original. Pretendió aglutinar a las clases medias indignadas, a los trabajadores precarizados y a los estudiantes sin articular un discurso de clase. El resultado fue una amalgama sin identidad, sin programa y sin dirección. Incapaz de resistir las presiones externas porque carecía de la herramienta más básica: la conciencia de clase.

Pero lo más revelador de todo fue quién les dio el primer impulso mediático. No fueron los medios progresistas, sino la ultraderecha de Intereconomía. ¿Por qué? Porque sabían que Podemos era inofensivo. Que no iba a cambiar nada. Que solo iba a canalizar la indignación hacia el parlamento y desactivar la calle. Fue la crónica de una muerte anunciada. Una operación de demolición de lo poco que quedaba de izquierda real en España.

5. DIFERENCIA ENTRE APOYO ELECTORAL Y FORMACIÓN REVOLUCIONARIA

La comparación entre estos tres procesos revela una verdad incómoda para la izquierda reformista: el apoyo electoral es volátil, superficial y fácilmente manipulable. La formación revolucionaria, en cambio, es un proceso lento, profundo y transformador que crea sujetos políticos activos, no meros votantes pasivos.

Chávez entendió que la revolución no se gana en las urnas, sino en las conciencias. Por eso invirtió años en formar, organizar y empoderar a los sectores populares. Cuando llegó al gobierno, el poder ya estaba en la calle, no en el palacio presidencial. Syriza, en cambio, confió en que la victoria electoral era suficiente. Y la Troika le demostró, en tiempo récord, que el verdadero poder no se vota. Podemos, aún peor, ni siquiera tuvo la oportunidad de ser puesto a prueba por el capital financiero, porque se descompuso antes de llegar al gobierno.

La formación revolucionaria es el blindaje contra las presiones externas. Sin ella, cualquier gobierno de izquierda es un rehén del capital financiero. Con ella, incluso los bloqueos más brutales pueden ser resistidos. La diferencia entre Chávez y los otros dos no fue de ideología, sino de estrategia. Uno construyó poder popular antes de llegar al gobierno. Los otros dos llegaron a la arena electoral sin haber construido nada.

6. CONCLUSIÓN: LA ÚNICA SALIDA ES LA REVOLUCIÓN

El reformismo es una trampa. La historia lo demuestra una y otra vez. No se puede transformar el sistema desde dentro porque el sistema está diseñado para fagocitar cualquier intento de cambio real. Las elecciones son un campo de batalla más, pero no son la guerra. Y quien confunde la táctica con la estrategia está condenado al fracaso.

La revolución no se vota, se construye. Se construye en los barrios, en las fábricas, en las escuelas, en los sindicatos. Se construye formando a la clase trabajadora, organizándola y dotándola de conciencia de clase. Sin ese trabajo previo, cualquier victoria electoral es una ilusión pasajera.

Lenin ya lo advirtió hace más de un siglo: sin un partido de vanguardia, sin formación, sin organización, no hay futuro para la clase obrera. Chávez lo entendió y resistió. Syriza y Podemos no lo entendieron y fracasaron. La lección está escrita con sangre y fuego. La única salida es la revolución. Y la revolución, camaradas, no se elige en unas urnas: se construye día a día. Una vez construida, independientemente de la herramienta que se elija para llegar al poder, es imbatible.
https://t.me/Ana_Munoz_Delatorre/209
https://t.me/Ana_Munoz_Delatorre/210

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Nazamny

La guerra sobre todo es economía, organización y administración  de recursos

La cuestión de la demografía, la estructura de la población y la edad media no es en absoluto baladí. Se trata del potencial económico de cualquier economía. Las personas son el principal recurso para el desarrollo.

La infografía de arriba muestra el poderío económico de Japón: el PIB de un pequeño Estado insular superaba al PIB del resto de la gigantesca Asia, África y Europa del Este.

El apogeo del poderío económico de Japón se produjo entre finales de la década de 1980 y 1995, cuando el país alcanzó unos resultados excepcionales, el momento culminante del «milagro económico japonés». A finales de la década de 1980, de los 25 bancos más grandes del mundo, 17 eran japoneses, y Japón había consolidado una potente exportación de productos tecnológicos. Su sistema económico se consideraba tan eficaz que otros países lo estudiaban e intentaban imitarlo.

Sin haber perdido ninguna guerra, ni haber sufrido ninguna pandemia ni hambruna masiva, Japón se ha visto relegado, en tan solo 30 años, a un segundo plano en Asia, habiendo cedido hace tiempo el liderazgo en poderío económico a la República Popular China y, según algunos indicadores, incluso a la vecina Corea del Sur y a Taiwán —ambas antiguas colonias de Japón—.

Y aquí, por supuesto, surge la pregunta: ¿qué ha pasado con la economía floreciente y en pleno crecimiento del país? Los monetaristas dirán que fue el «Acuerdo de Plaza», que fortaleció drásticamente el tipo de cambio de la moneda nacional, lo que provocó una crisis prolongada y la pérdida por parte del país del Sol Naciente de su posición de liderazgo en el mundo.

Sin embargo, este argumento es discutible. Si hoy el tipo de cambio del yen se redujera a la mitad o a un tercio, ¿volvería la economía al crecimiento y al dominio mundial dentro de 20 o 30 años? La respuesta es obvia: no. Japón carece de los recursos necesarios para ello, sobre todo de recursos humanos. Es decir, no hay nada ni de dónde resurgir. Hoy en día, la población de Japón envejece y se reduce. Y, como resultado, todos los indicadores económicos (producción industrial, nivel de vida, exportaciones e importaciones, PIB) se encuentran en un estancamiento prolongado.

Y el «Acuerdo de Plaza» fue más bien un simple detonante para el estallido de un gran número de burbujas en la economía japonesa. De un modo u otro, habrían estallado de todos modos con las mismas consecuencias desastrosas para los ámbitos financiero y económico del país, independientemente del tipo de cambio del yen. Sin embargo, la principal burbuja del milagro económico japonés —la deuda pública japonesa— sigue inflándose, y el colapso principal de Japón aún está por llegar.

Volviendo a la demografía: la economía actual no conoce ejemplos de Estados en crecimiento con una población en declive y envejecida. Ni la automatización ni la productividad laboral son capaces de romper esta dependencia. Japón es pionero mundial en la transición demográfica y el colapso económico. Le sigue Ucrania, y después Taiwán, China y Corea del Sur.

Rusia se encuentra ahora mismo en una situación delicada. La anexión de nuevas regiones supone una especie de burla a la legislación internacional, pero gracias a ello la población del país crece, lo que, a largo plazo, resulta beneficioso.
https://t.me/topinfographic/4636

Nazamny

Aquí os dejo un nuevo ensayo para la sección de mi Subst@ck "VIGENCIA DE LENIN: RELEYENDO "QUÉ HACER".

Recuerda que colaborando con una suscripción de pago (3€/mes) ayudas a que mi trabajo pueda seguir siendo independiente y mantenerse en el tiempo. Muchísimas gracias.
https://t.me/Ana_Munoz_Delatorre

EL OFICIO DEL REVOLUCIONARIO PROFESIONAL EN LA ERA DE LA PRECARIEDAD
LA TESIS DE LENIN: EL CUADRO SOSTENIDO POR LA ORGANIZACIÓN

En ¿Qué hacer?, Lenin plantea la cuestión del revolucionario profesional como un problema organizativo concreto. La lucha contra el zarismo exigía una división del trabajo en la que determinados militantes se dedicaran por entero a tareas especializadas: redacción, imprenta clandestina, correo, coordinación entre comités. Un obrero que trabajaba doce horas en la fábrica no podía asumir esas funciones.

Pero Lenin no separaba la cuestión organizativa de la cuestión material. El revolucionario profesional necesitaba sostenerse. ¿De dónde salían esos recursos? De la propia organización. Las cuotas de la militancia, las donaciones de simpatizantes y, en ciertos momentos, las expropiaciones mantenían a los cuadros. El revolucionario profesional no era un trabajador autónomo que ofrecía sus servicios en el mercado. Formaba parte de un colectivo de iguales que decidía y ejecutaba. La organización lo sostenía a él; él sostenía a la organización.

La independencia respecto al Estado y al mercado se sostenía con responsabilidad compartida. El cuadro no dependía de un jefe ni de un mecenas. Respondía ante un colectivo del que formaba parte y en cuyas decisiones había participado. Esa era, y sigue siendo, la única independencia posible bajo cualquier Estado de clases. Ayer en la Rusia zarista, hoy en el capitalismo desarrollado. La independencia respecto al Estado y al mercado se sostiene con responsabilidad compartida, o no se sostiene.

LA DEGENERACIÓN HISTÓRICA: DEL CUADRO AL FUNCIONARIO

El siglo XX desmanteló esa figura. Allí donde los partidos comunistas alcanzaron el poder, el cuadro se transformó en funcionario estatal. Allí donde permanecieron en la oposición, se convirtió en cargo remunerado del aparato, sostenido por subvenciones electorales, cuotas sindicales administradas burocráticamente o, en los casos más degradados, por los presupuestos del Estado burgués.

La consecuencia fue inevitable. Un cuadro que cobra del Estado no combate al Estado. La moderación política no fue una elección ideológica; fue una necesidad material. El partido dejó de ser una organización revolucionaria para convertirse en una estructura de empleo. Los cuadros dejaron de ser organizadores para transformarse en gestores de su propio salario.

En España, este proceso tuvo un nombre propio: Izquierda Unida. Izquierda Unida no fue un instrumento electoral al servicio del PCE. Fue su tumba. La prioridad otorgada a la coalición electoral desplazó progresivamente la formación de cuadros, el debate interno y la construcción organizativa. Las sedes del partido se vaciaron de actividad propia para convertirse en oficinas de campaña. Todo el tiempo, toda la energía, todos los recursos se orientaron hacia la competición dentro del mercado político burgués. El partido, subordinado a la dinámica electoral de Izquierda Unida, se fue apagando.

Y quien consolidó ese giro fue Julio Anguita. Representó la honestidad personal en un paisaje de corruptos. Representó la dignidad discursiva en un mundo de ocurrencias. Pero no era marxista-leninista. Fue un revisionista coherente que introdujo y normalizó el eurocomunismo en el PCE, desdibujando su línea ideológica y consolidando la subordinación del partido a la coalición electoral. Su figura, elevada a mito por una izquierda huérfana de referentes, oculta una verdad incómoda: bajo su liderazgo, el PCE renunció definitivamente a ser una herramienta de la clase trabajadora para convertirse en el soporte logístico de Izquierda Unida. Lo que vino después (...)

Lee el ensayo completo aquí abajo
https://open.substack.com/pub/anamunozdelatorre/p/el-oficio-del-revolucionario-profesional?r=87m7ws&utm_campaign=post-expanded-share&utm_medium=web