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Estudio y Formación en tiempos actuales

Iniciado por Nazamny, 05 Mayo 2026, 01:19:23

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Nazamny

¡ESTA JOVEN CAMARADA PROMETE: VEREMOS, COMO DICE OTRO CAMARADA!

DEL PERIÓDICO OBRERO A LA TRINCHERA DIGITAL

DIVERSIFICACIÓN DE PLATAFORMAS E INDEPENDENCIA ESTRATÉGICA EN LA ORGANIZACIÓN REVOLUCIONARIA

1. LA TESIS ORIGINAL DE LENIN: EL PERIÓDICO COMO ORGANIZADOR COLECTIVO

Lenin no concebía el periódico como un mero altavoz propagandístico. En "¿Qué hacer?", publicado en 1902, lo define como un "organizador colectivo". La metáfora que emplea es precisa: si los obreros están dispersos, si cada fábrica es una isla y cada huelga un estallido aislado, el periódico es el andamio que conecta todas esas luchas y las transforma en un movimiento único y consciente.

No se trata solo de leer. Se trata de escribir, distribuir, comentar, discutir, financiar y, sobre todo, organizarse. Cada ejemplar de Iskra que viajaba de mano en mano creaba una red de corresponsales clandestinos, distribuidores voluntarios y lectores comprometidos. Esa red era, en embrión, la futura organización revolucionaria. El periódico no era el fin, sino el medio para construir el partido.

Es importante precisar aquí el contexto histórico. Cuando Lenin escribió ¿Qué hacer?, el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR) aún no se había escindido en bolcheviques y mencheviques. Iskra era en aquel momento el órgano del partido unificado, una herramienta que Lenin pretendía utilizar para cohesionar a los distintos comités dispersos bajo una línea común. La escisión llegaría precisamente en el II Congreso de 1903, el mismo que consagró a Iskra como órgano oficial del partido. Paradójicamente, tras ese congreso los mencheviques se hicieron con el control del periódico y Lenin quedó fuera de la redacción. El instrumento que había diseñado para unificar al partido terminó en manos de sus adversarios políticos.

Esta paradoja histórica no invalida la tesis de Lenin, sino que la refuerza. El periódico era tan poderoso como herramienta que su control se convirtió en el campo de batalla decisivo entre las dos facciones. Quien controlaba el periódico, controlaba la línea política del partido. Quien perdía el periódico, quedaba temporalmente desarmado. La historia de Iskra demuestra que la lucha por la hegemonía se libra también en el terreno de la comunicación.

Lenin era taxativo: sin un periódico centralizado que unificara la línea política y conectara los comités dispersos, la espontaneidad de las masas se disolvería en mil pedazos tras cada derrota. La prensa obrera era el sistema nervioso del proletariado, el canal por el que la conciencia de clase viajaba de la vanguardia intelectual al conjunto del movimiento.

Hoy, más de un siglo después, aquella tesis sigue siendo válida, pero el ecosistema ha cambiado radicalmente. Los periódicos clandestinos han dejado paso a las redes sociales, las newsletters y las plataformas digitales. La pregunta no es si la tesis de Lenin sigue vigente, sino cómo aplicarla en un entorno donde las herramientas de comunicación no nos pertenecen.

2. LA PARADOJA DIGITAL: HERRAMIENTAS DEL ENEMIGO EN MANOS REVOLUCIONARIAS

Aquí reside la gran contradicción de nuestro tiempo. El periódico Iskra era, en su momento fundacional, el órgano del partido unificado. Sus imprentas, sus correos, sus distribuidores estaban controlados por los revolucionarios. Hoy, las herramientas equivalentes (X, Telegram, Substack, YouTube) pertenecen al enemigo. Elon Musk, Mark Zuckerberg, los fondos de inversión y las grandes corporaciones deciden los algoritmos, las reglas de visibilidad y las condiciones de uso. Pueden censurar, bloquear o invisibilizar cualquier contenido en cualquier momento.

¿Significa esto que debemos abandonar esas herramientas y retirarnos a la clandestinidad analógica? No. Significa que debemos usarlas con una estrategia clara: (...)
https://t.me/Ana_Munoz_Delatorre/168

Nazamny

ANECDOTAS Y ORGULLO  REVOLUCIONARIO
En la aldea india de Vannivelampatti, el comunismo es más que una ideología: es un legado. Aquí, generaciones enteras lo han transmitido a través del activismo, la tradición familiar e incluso los nombres que dan a sus hijos.
https://t.me/FidelistaPS/463685

Nazamny

LA CAMARADA  ANA MUÑOZ DE LA TORRE NOS RECUERDA EL ENFOQUE DE   LENIN EN "QUÉ  HACER" SOBRE  EL TERRORISMO INDIVIDUAL

Aquí os dejo otro texto perteneciente a mi sección de Substack "VIGENCIA DE LENIN:" RELEYENDO "¿QUÉ HACER?". Recordaros que podéis compartir una misma suscripción entre varias personas, hasta 5. Y que podéis usar este chat para organizaros. También, como ya he dicho en otras ocasiones, si alguien está interesado en suscribirse para poder leer este y mucho otro contenido y sus condiciones materiales no se lo permiten (país, situación) por favor decídmelo. Estaré encantada de regalaros una suscripción anual.

DE LA BOMBA AL LIKE: LA DEGRADACIÓN DE LA RESISTENCIA Y LA NECESIDAD DE LA ORGANIZACIÓN
1. LA TESIS ORIGINAL DE LENIN: LA CRÍTICA AL TERROR INDIVIDUAL

Lenin dedicó páginas fundamentales de ¿Qué hacer? a combatir una desviación que amenazaba con descarrilar el movimiento revolucionario ruso: el terror individual. Su crítica no era moral, no era un debate sobre métodos aceptables o inaceptables. Era una crítica estratégica, materialista, basada en el análisis concreto de las consecuencias políticas de cada acción.

El terror individual, en la Rusia zarista de principios del siglo XX, consistía en atentados selectivos contra figuras del régimen. Un funcionario, un policía, un ministro. La lógica de sus defensores era atractiva en su simplicidad: un acto espectacular que golpeara al corazón del enemigo despertaría a las masas, demostraría la vulnerabilidad del poder y aceleraría la revolución. La realidad, argumentaba Lenin, era exactamente la contraria.

El primer problema del terror individual era que aislaba al revolucionario. Convertía la lucha en un asunto de héroes solitarios, de conspiradores clandestinos, de mártires que morían sin haber construido organización. Cada atentado era un fogonazo que iluminaba el cielo durante un instante y luego dejaba una oscuridad más profunda. El régimen zarista respondía con represión masiva, justificada ante la opinión pública precisamente por esos actos. Y la clase obrera, lejos de despertar, retrocedía atemorizada.

El segundo problema: el terror individual le hacía el juego al enemigo. Le daba la excusa perfecta para la represión, le permitía presentarse como víctima y justificar el incremento del aparato policial. Cada bomba contra un funcionario era un argumento para más presupuesto en seguridad, más detenciones arbitrarias y más control. El terror individual no debilitaba al Estado, lo fortalecía.

El tercer problema, y el más profundo, era que sustituía la lucha de masas por la acción de una élite. En lugar de organizar a los obreros, de formar cuadros, de construir un partido que pudiera dirigir a millones, los defensores del terror individual confiaban en que un puñado de acciones espectaculares harían el trabajo. Lenin era tajante: la revolución no la hacen los héroes solitarios, la hacen las masas organizadas. Quien confía en el acto individual renuncia a la única fuerza que puede transformar la sociedad.

2. LA DEGRADACIÓN ACTUAL: DEL TERROR A LA PANTALLA COREOGRÁFICA

Más de un siglo después, aquel debate ha quedado superado por una realidad que ni siquiera Lenin podría haber imaginado. El terror individual no ha desaparecido, se ha degradado. Ha pasado de la bomba al like, del atentado al trending topic, del mártir al influencer. (Sigue leyendo)
https://anamunozdelatorre.substack.com/p/de-la-bomba-al-like-la-degradacion?r=87m7ws

https://t.me/Ana_Munoz_Delatorre/172

Nazamny

#3
ANA MUÑOZ DE LA TORRE

LA LUCHA POR LA HEGEMONÍA: QUÉ HACER ANTE LA AUSENCIA DE PARTIDO REVOLUCIONARIO

1. LA TESIS DE LENIN: LA HEGEMONÍA NO SE HEREDA, SE CONQUISTA


Lenin no daba nada por sentado. En ¿Qué hacer?, publicado en 1902, partía de una premisa que sacudía los cimientos del pensamiento revolucionario de su época: la conciencia socialista no surge espontáneamente de la clase obrera. La burguesía, con todos sus recursos —prensa, escuelas, parlamentos—, ocupa el terreno ideológico mucho antes de que el proletariado tenga oportunidad de articular una respuesta propia. Por tanto, la hegemonía no se hereda por el simple hecho de representar los intereses de la mayoría explotada. Se conquista. Y se conquista disputando cada palmo de terreno a la ideología dominante.

Los economicistas contra los que Lenin combatía afirmaban que la clase trabajadora alcanzaría la conciencia política de forma natural, a través de la lucha por mejoras salariales. Lenin respondió que, abandonada a su espontaneidad, la clase obrera solo desarrolla conciencia sindical, no revolucionaria. La conciencia política —la comprensión de que la raíz de la explotación está en el sistema mismo— debe ser introducida desde fuera por la vanguardia.

Aquí reside el núcleo de la tesis leninista. Se trata de una batalla ideológica total, en la que la burguesía utiliza todos los instrumentos a su alcance —la escuela, los medios, el entretenimiento, y también los partidos burgueses revisionistas que se presentan como izquierda— para mantener a la clase obrera atrapada en un marco mental que considera el capitalismo como el orden natural de las cosas.

Los instrumentos han cambiado, pero la función es idéntica. En 1902, el zarismo se apoyaba en la Iglesia ortodoxa para mantener a las masas en la sumisión intelectual. Hoy, en la Europa occidental del siglo XXI, ese mismo papel lo desempeñan el fútbol, las redes sociales, las plataformas de streaming, los reality shows y toda una industria del entretenimiento diseñada para ocupar el tiempo libre y vaciar la capacidad crítica. Son formas distintas de un mismo fenómeno: la alienación como sustituto del pensamiento. El objetivo nunca ha sido convencer a las masas de las bondades del capitalismo. El objetivo ha sido, y sigue siendo, impedir que las masas se hagan preguntas.

La hegemonía, en el siglo XXI, se ejerce no tanto a través de la censura explícita, sino a través de la saturación. Demasiado ruido, demasiado contenido, demasiado estímulo para que quede espacio para la reflexión. Y cuando alguien, a pesar de todo, empieza a hacerse preguntas, el sistema tiene preparada una respuesta: los partidos revisionistas que se presentan como izquierda y que actúan como válvula de escape, canalizando el descontento hacia el reformismo estéril.

2. EL PARTIDO COMO CAMPO DE BATALLA

La lucha por la hegemonía, explicaba Lenin, no se libra en abstracto. Se libra en el seno de la organización que debe dirigir a la clase obrera: el partido. Es ahí, en los congresos, en los debates internos, en la línea política que se aprueba, donde se decide si el movimiento obrero avanza hacia la revolución o se desvía hacia el reformismo.

La historia del POSDR ilustra esta dinámica con claridad. En el II Congreso de 1903, bolcheviques y mencheviques se separaron definitivamente. Lo que estaba en juego era la hegemonía sobre el partido: quién definía la estrategia, quién marcaba el horizonte, quién controlaba las herramientas de comunicación. Lenin perdió entonces el control de Iskra, el periódico que había fundado, y sus adversarios se hicieron con él. Pero aquella derrota táctica no fue definitiva. Lenin reconstruyó su red de cuadros, fundó nuevos periódicos como Vperiod y Proletari, y mantuvo viva la organización bolchevique hasta la Revolución de Octubre. La lección que se extrae de aquel episodio es tan sencilla como contundente: el periódico puede perderse, la organización no. Porque es la organización la que sostiene el periódico, y no al revés.

https://t.me/Ana_Munoz_Delatorre/193

Nazamny

Esta lección es hoy más pertinente que nunca. Porque la batalla que Lenin libró en 1903 ya no se puede librar en los partidos comunistas europeos. Sencillamente, ya no existen como tales. Han sido conquistados por el reformismo, cuando no directamente por el capital. La socialdemocracia, que en tiempos de Lenin era una corriente dentro del movimiento obrero, es hoy la única fuerza que ocupa el espacio institucional de la izquierda. Y los partidos que aún se autodenominan comunistas son, en el mejor de los casos, cáscaras vacías donde la militancia revolucionaria ha sido purgada, desmovilizada o simplemente ignorada.

No es un fenómeno aislado. Es la regla. Todos los partidos comunistas europeos han seguido el mismo camino: del marxismo-leninismo al eurocomunismo, del eurocomunismo al reformismo, y del reformismo a la gestoría del capital. Hablo de esto con la autoridad de quien ha militado en el PCE y ha luchado desde dentro para revertir este proceso. Incluso cuando el partido retomó formalmente el marxismo-leninismo en su XX Congreso, en la praxis la dirección de Enrique Santiago se encargó de que aquello se quedara sobre el papel. El partido siguió aplicando las mismas políticas socialdemócratas de siempre, y los congresos posteriores se encargaron de vaciar de contenido aquella declaración. La batalla por la hegemonía dentro de esos partidos está perdida. Y quienes aún la libran desde dentro se enfrentan a estructuras diseñadas precisamente para impedir cualquier avance revolucionario.

3. LA TRAMPA ELECTORAL: EL MARCO BURGUÉS COMO JAULA IDEOLÓGICA

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