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Autor Tema: Feminismo en la Argentina  (Leído 915 veces)
Eugenio
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« Respuesta #15 : 21 Julio 2019, 13:35:29 »

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Espectacular la entrevista a este tal Nicolás Morás, tomo nota del nombre Para ver el contenido hay que estar registrado. Registrar o Entrar

Hay muchos analistas. Acá lamentablemente lo que se podría llamar el "liberalismo de derecha" (por lo menos un sector) es el que sale más a criticar.
Por eso, a veces se mezclan algunas posturas antifeministas con reivindicaciones de la dictadura, anticomunismo, antiperonismo, etc.
Lo que no quita, que sea lamentable que muchos (que se dicen parte del pueblo) no vean la mano del Poder Mundial tras esta moda verde.
Otra cosa, es la babobeseada que hay con algunas de estas adolescentes, que las toman como ejemplo, cuando no son más que unas nenas de mamá pequebú que no hacen más que decir naderías.
Así estamos.
Y así, este año, habrá elecciones, donde las dos listas con más chances de ganar se diferencian muy poco entre ellas.
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El revolucionario acepta las reformas para utilizarlas como una ayuda para combinar la labor legal con la clandestina, para aprovecharlas como una pantalla que permita intensificar la labor clandestina de preparación revolucionaria de las masas con vistas a derrocar a la burguesía.
El reformista, por el contrario, acepta las reformas para renunciar a toda labor clandestina, para minar la preparación de las masas con vistas a la revolución y echarse a dormir a la sombra de las reformas "otorgadas" desde arriba.

José Stalin
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« Respuesta #16 : 21 Julio 2019, 16:16:48 »

Conferencia De La Masonería Argentina A Favor Del Aborto

agosto 7, 2018

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DISERTACIÓN FILTRADA POR «CULTURA DE LA GRAN LOGIA» DONDE MARCELA BRUSA EXPONE CON SADISMO, DESHUMANO, SARCASMO E IRONÍA (HUMOR NEGRO Y BURLESCO) LA CAMPAÑA A FAVOR DEL ABORTO

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El reformista, por el contrario, acepta las reformas para renunciar a toda labor clandestina, para minar la preparación de las masas con vistas a la revolución y echarse a dormir a la sombra de las reformas "otorgadas" desde arriba.

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« Respuesta #17 : 21 Julio 2019, 16:44:19 »

Las principales organizaciones ecologistas apoyan las reivindicaciones feministas del 8 de marzo


06-03-2019

Amigos de la Tierra, Ecologistas en Acción, Greenpeace, SEO/BirdLife y WWF comparten los principios del ecofeminismo, un movimiento donde confluyen el ecologismo y el feminismo
La mirada ecofeminista destaca que la actual situación insostenible de crisis ecológica y crisis de los cuidados pone en peligro no solo nuestra propia supervivencia como especie, sino también la del planeta y los seres vivos que lo habitan
Las organizaciones ecologistas señalan que el sistema económico actual invisibiliza el trabajo de cuidados realizado principalmente por mujeres y los servicios de los ecosistemas, todos ellos necesarios para el mantenimiento y reproducción de la vida
La desigualdad de género también tiene sus manifestaciones en el terreno medioambiental. Las mujeres sufren con mayor intensidad la pobreza energética (el 26% de las mayores de 65 años gasta más del 12 % de su presupuesto en energía), suponen el 80% de las personas desplazadas por razones climáticas (pese a tener una menor huella de carbono) y son más vulnerables en las inundaciones, olas de frío o de calor. Por esta razón, Amigos de la Tierra, Ecologistas en Acción, Greenpeace, SEO/Birdlife y WWF apoyan las reivindicaciones del movimiento feminista en este 8 de marzo.

Asimismo, las mujeres sufren de manera especial los efectos de tóxicos en muchos productos de limpieza o cosméticos, muchos de los cuales son disruptores endocrinos (vinculados a enfermedades como la endometriosis, la fibromialgia o el cáncer de mama). Y además dedican más del doble de su tiempo al trabajo no remunerado de cuidados que los hombres, sufriendo en muchos casos dobles jornadas de ocupación.

Todo esto se suma a una educación que no rompe con roles sexistas, a una brecha salarial inaceptable, una menor cuantía de las pensiones y una mayor precariedad laboral.

Por todo ello, Amigos de la Tierra, Ecologistas en Acción, Greenpeace, SEO/BirdLife y WWF comparten los principios del ecofeminismo. La simbiosis entre feminismo y ecologismo permite visibilizar y denunciar conjuntamente las reivindicaciones de igualdad de género con la sobreexplotación y el dominio de la naturaleza en un modelo económico insostenible, que obvia la importancia de preservar los ecosistemas.

Las principales organizaciones ambientales defienden que el ecofeminismo cuenta con una gran fuerza transformadora y de emancipación social, que aporta solidez y consistencia a los movimientos ecologistas y feministas, que de manera aislada quedarían cercenados en sus planteamientos. Es necesario denunciar la trascendencia que la actuación humana tiene sobre los ecosistemas y también analizar cómo nos afectan los distintos sistemas de opresión, no solo a las mujeres sino a la población más vulnerable.

Se hace necesario construir una nueva cultura de la igualdad y de la sostenibilidad que ofrezca una alternativa justa y defendible frente a las políticas desarrollistas. Dichas políticas han tenido como resultado la situación de emergencia social y ambiental actual.

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« Respuesta #18 : 21 Julio 2019, 16:48:24 »

Las grandes mentiras del feminismo

(Interesante entrevista a una filósofa que destruye los pseudo argumentos feministas). Para ver el contenido hay que estar registrado. Registrar o Entrar

El Club de los Viernes

Publicado el 5 mar. 2019

La filósofa Roxana Kreimer cuestiona el "feminismo hegemónico" y desmonta uno por uno todos sus dogmas.

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El reformista, por el contrario, acepta las reformas para renunciar a toda labor clandestina, para minar la preparación de las masas con vistas a la revolución y echarse a dormir a la sombra de las reformas "otorgadas" desde arriba.

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« Respuesta #19 : 21 Julio 2019, 16:52:32 »

Para tirar el patriarcado

Tina Rossi

(Publicación del PTS de Argentina, agrupación trosquista. Para variar, le pegan a Stalin).

Toda lectura de un libro tiene una conclusión. En este caso ella se encuentra fuera del mismo. Y es que en las movilizaciones de la marea verde que conmueve Argentina se vuelve vital identificar en qué consiste el “patriarcado” que hay que derribar y qué vinculación tiene con un capitalismo que también merece perecer.
Toda lectura de un libro tiene una conclusión. En este caso ella se encuentra fuera del mismo. Y es que en las movilizaciones de la marea verde que conmueve Argentina se vuelve vital identificar en qué consiste el “patriarcado” que hay que derribar y qué vinculación tiene con un capitalismo que también merece perecer. Entre las activistas también tenemos debates acerca de qué articulación de fuerzas sociales es necesaria para conquistar nuestros derechos y libertades y cómo en las calles se encuentran las posibilidades de constitución de un feminismo de clase y anticapitalista. Las lectoras sabrán disculparme que anteponga una conclusión tan coyuntural en este comentario de lectura, pero es un vínculo que merece hacerse con el más que útil libro de Cinzia Arruzza –activista feminista-socialista y profesora de filosofía de la New School of Social Research de New York–. Reeditado en castellano en 2015 (en inglés lleva el sugestivo título de Dangerous Liaisions- Amistades/ Relaciones peligrosas) es un mapa útil de las prácticas históricas y los debates teóricos del feminismo a través de los tan discutidos matrimonios y divorcios entre feminismo y marxismo.

Matrimonio socialista y divorcio estalinista

La reposición histórica que realiza Arruzza sobre el devenir del feminismo y su vinculación con el movimiento obrero repone las idas y vueltas de esta relación. En los intersticios de la revolución burguesa el “matrimonio” tuvo lugar desde las primeras décadas del siglo XIX, entre un feminismo de la igualdad y el movimiento obrero socialista. Pronto el feminismo burgués constituyó un primer desencuentro, mientras que en el movimiento obrero nació una tradición de unión con las mujeres y sus luchas. A través de los aportes de Engels, Bebel, Clara Zetkin y tantas otras, tomó forma un feminismo socialista. Un feminismo revolucionario en la experiencia de los primeros años del gobierno bolchevique, que en 1920 legalizó el aborto e impulsó una amplia batería de reformas para socializar el trabajo doméstico y promover la igualdad contra la familia tradicional y la autoridad patriarcal. A pesar de las dificultades objetivas del período se reponen los avanzados aportes teóricos de Alexandra Kollontai o de León Trotski bajo la tesis de que en ningún otro momento histórico se mostró de manera tan clara el lazo que une autoemancipación y autoorganización de las mujeres y el movimiento obrero. La ruptura de ese lazo la provocó, a los ojos de Arruzza (y también a los míos), el estalinismo con la consolidación de la burocratización de la Revolución rusa, que disolvió los organismos políticos de las mujeres en el partido y en el Estado y aplicó en los años ‘30 medidas conservadoras (contra el aborto, la homosexualidad, etc.), que consolidó una alianza duradera entre los partidos comunistas oficiales y la familia patriarcal [1].

Del frío de la posguerra al calor del ‘68


La relación entre marxismo y feminismo en la segunda posguerra se configuró a partir del conservadurismo congénito del comunismo oficial: el PC (italiano) de Togliatti y el PC (francés) que se opusieron consuetudinariamente a todas las demandas de las mujeres (en Italia se oponían especialmente al divorcio por su alianza con los católicos). La segunda ola y el nuevo feminismo nacido del ascenso del ‘68 mostró experiencias más interesantes. El libro ilustra cómo en los movimientos feministas de los años ‘70 no solo la relación con el estalinismo resultó en divorcio, sino también que el vínculo con la Nueva Izquierda fue más que accidentado.

Esta crítica a la Nueva Izquierda es muy atinada e infrecuente. En Estados Unidos, es en la relación con el movimiento negro (y la interrelación entre la opresión racial y la explotación de clase), que se constituyó el puente para la emergencia de una nueva posibilidad de anudar el lazo entre feminismo y marxismo. A través del análisis de la triple opresión que las mujeres negras sufrían, nacieron muchos de los instrumentos conceptuales característicos del nuevo feminismo, mientras una Nueva Izquierda militarista y populista las rechazaba. En esta situación el centro de gravedad del feminismo se desplazó mayoritariamente a las capas medias, retornando a los campus universitarios en los que había nacido a mediados de los ‘60.

En el ascenso del ‘68 europeo emergieron nuevas prácticas. Es el caso de Gran Bretaña donde esta experiencia tuvo la posibilidad de vincularse de cerca a las luchas obreras a través de demandas en torno a la producción y reproducción social, en un movimiento de trabajadores, usuarios de servicios públicos y feministas con demandas progresivas hacia el “Estado de Bienestar” y tendiendo a cuestionar la división sexual del trabajo. También enfrentando una serie de ataques al derecho legal al aborto (básicamente restricciones al plazo permitido) donde se logró que la Confederación Sindical convocara masivamente a enfrentarlos a instancias de la Conferencia de Mujeres del sindicato. Tanto en Francia, Italia y otras latitudes el rechazo conjunto del estalinismo y la Nueva Izquierda (maoísta, guevarista, obrerista, etc.) llevó a sectores del movimiento feminista a alejarse de las mejores tradiciones del movimiento obrero. El divorcio tuvo lugar con agudos conflictos. En Italia desde la segunda mitad de los años ‘60 y fines de los ‘70 (cuando llega a su ocaso el “Mayo rampante”) un nuevo proletariado se conjugaba con las luchas feministas por el derecho al divorcio, el aborto legal y un crecimiento veloz del empleo femenino. Pero entre el movimiento feminista y el obrerismo italiano se llegó al punto del enfrentamiento físico en 1975 en una marcha por el derecho al aborto en la que sectariamente las separatistas pretendían que fuera no-mixta y los autonomistas recurrieron al servicio de orden para imponerse. El divorcio no podía ser más escandaloso.

La gramática histórica del patriarcado

Las pensadoras feministas ofrecieron respuestas muy diferentes a esta relación entre género y clase, y teorizaron también de manera muy distinta la relación específica entre patriarcado y capitalismo.

Contra el estructuralismo y el post-estructuralismo, Arruzza propone retomar el enfoque histórico de Engels para pensar el patriarcado, explorando en la evolución del nexo entre instituciones matrimoniales y producción. Para ello retoma los estudios antropológicos actuales de Stephanie Coontz en los que afirma que, en las sociedades de linaje, antes de la aparición de la propiedad privada y el Estado (y por lo tanto antes que las clases), ya se produce el inicio de la dominación masculina. Allí, las relaciones de parentesco cumplen el rol de organizar la producción y se habría operado un pasaje de la “matrilocalidad” a la “patrilocalidad”. Si en el caso de las primeras es el linaje de la mujer y su residencia el que organiza la producción, en las segundas, son los linajes masculinos los que tienen prioridad en la residencia y por lo tanto los que permiten a los hombres apropiarse del trabajo excedente producido por las mujeres. Es una hipótesis que apunta a subsanar la apelación a un instinto de dominación masculina y explicar el origen histórico de la constitución de la herencia como modo de acumulación. Era la dependencia de los hombres del tipo de trabajo realizado por las mujeres y la apropiación de su excedente, loque había dado origen a la opresión de las mujeres. De más está decir que allí opresión económica y opresión sexual se superponían. Esta explicación histórica refuta cualquier apelación a la “debilidad” biológica de la mujer e incluso corrige el mito del matriarcado originario (mito que entendiblemente cumple un rol de autoafirmación en los movimientos feministas). Arruzza pregunta si este punto de vista, llamémoslo materialista e histórico, implica necesariamente hacer de la opresión de género una cuestión secundaria, o jerárquicamente subordinada a la explotación de clase, o incluso ¿disolverla en la opresión de clase? La respuesta es no.

Ciertamente el peligro de la clase sin el género estuvo presente de distintos modos en las polémicas entre marxismo y feminismo. El optimismo de que el ingreso de la mujer en la producción era la llave de su emancipación se demostró ilusorio en la medida en que no hay ningún automatismo en este sentido. Los desarrollos desiguales de esta proletarización, las relaciones de dependencia que conlleva, la persistencia de la familia y la imbricación entre patriarcado/capitalismo se presentan como los problemas que una perspectiva revolucionaria debe afrontar. Actualmente una más extendida feminización del trabajo obliga a pensar a la clase obrera en femenino, a riesgo de entender de modo parcial cómo funciona el capitalismo, qué es la clase obrera hoy y cuáles son las formas de la interconexión recíproca de opresión de género y explotación de clase [2].

Género como clase

Pensar el género como clase ha sido el tema de los feminismos materialistas y del feminismo obrerista que emergieron en la década del ‘70, centrados especialmente en los debates en torno al trabajo doméstico. Christine Delphy en Francia y las italianas Mariarosa Della Costa, Alicia del Re y la norteamericana Selma James comparten la tesis que considera el trabajo doméstico como trabajo productivo y, por lo tanto, como explotado. La analogía termina ahí, derivan distintas teorías y distintas políticas de este hecho. Para Delphy y Diana Leonard este modo de producción doméstico es anterior al capitalismo y, aunque empírica e históricamente está vinculado al modo de producción capitalista, conserva una lógica sistémica propia. Por lo tanto, para ellas, la denuncia de un modo de producción patriarcal que tiene lugar en el ámbito doméstico es lo esencial. El beneficiario de esta explotación es el género masculino y pensar en una condición de clase común frente al capital sería un “obstáculoepistemológico” patriarcal. La conclusión para las feministas materialistas, como señalaba sin ambages el título de uno de los libros de Delphy, es que el “enemigo principal” es el patriarcado y por lo tanto los antagonismos entre mujeres y hombres. Pero la tesis de que todas las mujeres participan del mismo modo en un modo de producción doméstico, ya sea una mujer trabajadora o una mujer burguesa, tiene problemas empíricos insalvables y lleva a pensar que la opresión femenina adopta la misma forma independientemente de la clase a la que se pertenezca. Y más aún a indiferenciar sus estrategias para luchar contra la opresión, desconociendo la condición de clase común de las trabajadoras con los trabajadores varones y rompiendo la solidaridad entre ambos. El punto de vista de las obreristas es muy distinto. Para ellas el capitalismo, al negar a la familia como unidad productiva, relega a la mujer a un rol de reproducción de la fuerza de trabajo invisibilizado. Una esclavitud no asalariada en función de reproducir la esclavitud asalariada. Como el trabajo doméstico es productivo, aunque no pago –ya que el salario solo cubre los valores de uso puestos en la producción doméstica pero no el tiempo de trabajo que tiene lugar allí–, la denuncia del mismo constituye una denuncia del capitalismo, y la exigencia de un salario para el trabajo doméstico una lucha común de la familia obrera [3]. A pesar de que señalan lagunas en las teorizaciones marxistas sobre el trabajo reproductivo, para Arruzza ambas teorías caen en confusiones analíticas. Para desarrollar este punto ella retoma la teoría del valor de Marx (inspirada en los argumentos que en los ‘70 se expusieron en la revista trotskista Critique Communiste) sosteniendo que el trabajo reproductivo de la fuerza de trabajo contribuye indirectamente a la valorización de las mercancías, dado que se realiza bajo una relación de dependencia personal (históricamente codificada, jurídica y simbólicamente, en el matrimonio), precisamente porque el capitalismo sustrajo a la familia del mercado. Esto nos lleva al debate sobre los vínculos entre patriarcado y capitalismo a partir de la famosa contribución que Heide Hartmann realizó en 1979 (El matrimonio infeliz de marxismo y feminismo), según la cual no puede hablarse de un patriarcado “puro” porque éste siempre se encuentra enraizado en el seno de determinadas relaciones de producción. Es preciso distinguir el patriarcado esclavista, del feudal y del capitalista. Las estructuras patriarcales no están sostenidas ahistóricamente en una estructura psicológicao cultural. Sin embargo, para Hartmann, a pesar de su imbricación, ambas funcionan según leyes específicas y lógicas internas diferenciales, conformando dos sistemas. De ahí que haya sido criticada por Iris Young, entre otras, quien señaló que su historización es insuficiente para pensar la especificidad del capitalismo. Una opresión milenaria no puede encontrar su fundamento inicial en el modo de producción capitalista, pero otras características del capitalismo también comparten esta condición sin constituir por eso un sistema separado. La división del trabajo y la explotación (en tanto extracción de trabajo excedente) son previas al modo de producción capitalista: ¿significa eso que conservan al interior del capitalismo un sistema propio?, se interroga Young. Si es así, el análisis del capital corresponde a los seguidores de Marx (utilizando categorías “ciegas al sexo”) y el feminismo tiene exclusividad en la crítica cultural de la lógica patriarcal.

Las resonancias de este debate sobre la teoría unitaria aparecen actualmente en los desarrollos marxistas de la Teoría de la Reproducción Social, que retoman la unidad indisoluble que señalaba Marx entre producción y reproducción. Tanto contra las teorías del sistema dual (o trial al incorporar la cuestión de la opresión racial como hace Sylvia Walby en Teorizando el patriarcado), como contra quienes sostienen un capitalismo “indiferente”, que mantendría una relación simplemente instrumental con la opresión de género y racial y cuyos fundamentos estarían en remanentes pre-capitalistas que conservarían su propia lógica [4]. Al contrario, la “teoría unitaria” del feminismo marxista sostiene que la opresión de género y racial no son sistemas autónomos sino una parte integral de una sociedad capitalista que se desarrolla de manera desigual, en un largo proceso histórico que ha disuelto las anteriores formas de vida social, y combinadamente, introduciendo las opresiones en el seno del dominio del capital.

Género sin clase

La crítica a las posiciones que Arruzza denomina el género sin la clase agrupan tanto al feminismo radical y los debates sobre el psicoanálisis y el feminismo de la diferencia, como también a aquellas que cuestionan el binarismo y los planteos de performatividad. Con el reflujo del ascenso del ‘68 el nuevo feminismo tendió a naufragar. Mucha literatura del período preanunciaba este divorcio: desde el provocador Escupamos sobre Hegel de Carla Lonzi, pasando por los textos del feminismo radical norteamericano, francés y británico. Pero la crítica a los enfoques posmodernos es realizada en el libro de manera sutil y efectiva. De este conjunto de discusiones adquiere importancia el planteo de Judith Butler de la heterosexualidad como un imperativo obligatorio del capitalismo. La familia nuclear y la norma heterosexual juegan un papel central en el proceso de reproducción de la fuerza de trabajo. No estamos, por lo tanto, ante una cuestión “meramente cultural”, sino ante un hecho material. Para Nancy Fraser, en su crítica a Butler, el hecho de que el imperativo heterosexual sea material no implica que sea económico. Fraser se detiene ahí, sin señalar que el marxismo precisamente pone en cuestión qué es “lo económico” contra el fetichismo de la mercancía. Para Arruzza (siguiendo en este punto a Daniel Bensaïd) precisamente ahí empieza el problema, ya que en Marx el capital articula procesos de producción, circulación (y distribución) y reproducción de manera dinámica y simultáneamente. Así, Arruzza interpela a Butler desde otro ángulo, preguntando ¿qué hace que el género sea continuamente performado, en qué consiste y sobre qué se apoya esta coercitividad de la norma? Eso implica volver a repensar su vinculación con la organización capitalista de las relaciones sociales [5].

Y ahora que estamos juntas…
Para concluir, el mapa propuesto por el libro permite pensar algunas conclusiones útiles acerca del patriarcado que queremos derribar. Si como forma de producción el patriarcado cesó hace tiempo, y sus relaciones de poder, la ideología patriarcal, el machismo y la heterosexualidad obligatoria no constituyen un sistema social en sí mismo, sino que están imbricadas de manera estructural en el capitalismo, derribarlo requiere de una alianza estratégica entre el feminismo y la clase obrera si queremos acabar con todas sus miserias.


NOTAS AL PIE

[1] Para profundizar en el feminismo socialista y en este período no se puede dejar de leer La mujer, el estado y la revolución de Wendy Goldman y Pan y Rosas de Andrea D’Atri, ambos de Ediciones IPSCEIP León Trotsky.

[2] Ver en este dossier “Con los ojos de las mujeres. Apuntes para repensar la clase obrera” de Paula Varela.

[3] Para una polémica ver “Nosotras, el proletariado” de Andrea D’Atri y Celeste Murillo en semanario IdZ del 22/07/2018.

[4] Ver en este dossier entrevista a Tithi Bhattacharya.

[5] Ver Arruzza, C., “El género como temporalidad social: Butler (y Marx)”, disponible en Para ver el contenido hay que estar registrado. Registrar o Entrar.


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El revolucionario acepta las reformas para utilizarlas como una ayuda para combinar la labor legal con la clandestina, para aprovecharlas como una pantalla que permita intensificar la labor clandestina de preparación revolucionaria de las masas con vistas a derrocar a la burguesía.
El reformista, por el contrario, acepta las reformas para renunciar a toda labor clandestina, para minar la preparación de las masas con vistas a la revolución y echarse a dormir a la sombra de las reformas "otorgadas" desde arriba.

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« Respuesta #20 : 21 Julio 2019, 19:46:47 »

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( es muuuuuy largo...para leer en vacaciones )
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Published 20 July, 2019 by Leonardo Del Grosso
Desmintiendo la propaganda del lobby LGTBQIAK
por The Saker. En The Vineyard of The Saker. Traducción de Leonardo Del Grosso
[esta columna fue escrita para The Unz Review]

Lo primero es lo primero: dejar de lado lo obvio
La homosexualidad es un fenómeno que probablemente siempre ha existido y que a menudo ha polarizado a la sociedad en dos bandos: aquellos que creen que hay algo intrínsecamente malo/incorrecto/patológico/anormal con la homosexualidad (probablemente la mayoría/todas las religiones principales) y los que enfáticamente no están de acuerdo. Esto es normal. Después de todo, el tema de la homosexualidad se trata no solo del sexo como tal, sino también de las normas sociales, la reproducción, asuntos que afectan a los niños y a la familia y, lo que es más importante, del amor. ¿Qué podría ser más misterioso, más fascinante y más controvertido que el amor?

Estoy empezando este artículo con estas obvias afirmaciones, no porque las encuentre particularmente interesantes, sino porque vivimos en un momento extraño en el que sólo uno de estos dos puntos de vista se discute de manera objetiva y serena, mientras que el otro punto de vista se censura, denuncia y condena de inmediato, como una especie de fobia. Sin embargo, la palabra “fobia” puede significar una de dos cosas: aversión/odio o miedo/ansiedad.

¿Esto tiene sentido?

¿Por qué una opinión, un punto de vista, tiene que ser explicada para excusarse y se le puede descartar por ser en sí misma patológica/irracional?

Quiero preguntar: ¿se puede imaginar que a alguien se le permita criticar la homosexualidad como tal (o el comportamiento o las prácticas homosexuales) *sin* se le acuse de sufrir algún tipo de fobia o de odiar a alguien?

Si crees que no, entonces deja de leer y vuelve a encender la televisión.

Para todos los demás, sostengo que este embuste de la fobia (junto con la no menos estúpida etiqueta de “homosexual reprimido en el closet”) no es propicia para una discusión inteligente. Sin embargo, es genial para cerrar cualquier análisis crítico y enfrascarse en un ataque personal con cualquiera que se atreva a hacer las preguntas equivocadas.

A continuación, también sostengo que hay existen por ahí quienes *de hecho* sienten una aversión/odio/miedo/ansiedad hacia los homosexuales. Estas personas sienten que su masculinidad se incrementa enormemente cuando tienen la oportunidad de golpear (preferiblemente en grupo contra uno), humillar o agredir de cualquier manera posible a un homosexual. En mi experiencia (por cierto totalmente subjetiva), estos son una minoría. Es verdad que algunos homosexuales provocan una fuerte sensación de disgusto a los heterosexuales masculinos, pero estos son típicamente aquellos homosexuales que, lejos de estar secuestrados en algún “closet” social, hacen lo contrario: ostentosamente hacen alarde de su homosexualidad con maquillaje, vestimenta o comportamiento provocativo. Nuevamente, en mi experiencia (no menos subjetiva), estos también son una minoría entre los homosexuales. Creo que hay una explicación muy natural para la aversión que estos homosexuales “¡descarados!” desencadenan en hombres heterosexuales, y lo discutiré más adelante.

Pero por el momento, prefiero mantenerme alejado de estos fenómenos minoritarios -específicos de cada circunstancia.

A continuación, vamos a definir el tema.

En su entrada sobre “homosexualidad”, Wikipedia escribe: “El consenso de larga data de las ciencias sociales y del comportamiento y de las profesiones de salud y salud mental, es que la homosexualidad en sí misma es una variación normal y positiva de orientación sexual humana y, por lo tanto, no un trastorno mental“.

Esta oración merece ser analizada con mucho cuidado, especialmente porque utiliza muchos términos francamente vagos.

Para empezar, ¿a qué se refiere el término “consenso de larga data”? En 1973, la Asociación de Psiquiatría de los Estados Unidos eliminó la homosexualidad del DSM-II. La Asociación de Psicología de los Estados Unidos hizo lo mismo en 1975. Esto me lleva a la conclusión de que, por mucho tiempo, para Wikipedia significa 46 años o 44 años. En términos de la historia de la humanidad, 44/46 años se refieren a algo prácticamente instantáneo y apenas “duradero”. También está el tema de CÓMO y POR QUÉ estas dos asociaciones decidieron “des-patologizar” la homosexualidad. Me referiré a eso más adelante, y por el momento simplemente deseo manifestar que declarar que una patología, la cual a partir de ahora en adelante se considerará “normal” por medio de un voto, no es científico.

A continuación, la declaración anterior plantea la pregunta de qué es la “homosexualidad en sí misma” (¿a diferencia de la homosexualidad “no en sí misma “, supongo?). La intención aquí es clara: decretar que cualquier comorbilidad (depresión, suicidio, abuso de sustancias, violencia, etc.) que pueda identificarse en la homosexualidad siempre se explicará, porque no es inherente a la homosexualidad en sí misma. Este es solo otro simple truco de palabras para suprimir cualquier discusión sobre la homosexualidad en el mundo real (a diferencia de los manuales tipo DSM).

Luego está la noción de “variación normal y positiva de la orientación sexual humana” que, por supuesto, plantea la cuestión de qué calificaría como una “variación anormal y negativa de la sexualidad humana”. Y a los que dirían que estoy siendo quisquilloso aquí, les señalaría que mientras en la década de 1970 el asunto a discutir era “sólo” la homosexualidad, hoy en día vivimos en la sociedad de LGBTQIAPK y que algunos incluso agregan un inquietante signo + al final de esta abreviatura (LGBTQIAPK+) solo para hacerla verdadera y totalmente “inclusiva”. Y aquí está la falacia obvia: dado que la homosexualidad es una “variación normal y positiva de la orientación sexual humana“, esto también debe ser cierto para toda la “constelación” de LGBTQIAPK+. Afirmo que, a menos que su coeficiente intelectual esté por debajo de la temperatura ambiente, seguramente se dará cuenta de quede lo que se trata aquí es un pase gratuito para todos, en el que cualquier variación de la sexualidad humana se declara “normal y positiva”. QED (técnicamente, esto sería una falacia silogística).

Por cierto, ¿alguna vez te preguntas qué significa ese pequeño signo “+” al final de LGBTQIAPK+? La respuesta depende de a quién le preguntes, por supuesto, pero si le preguntas a Facebook en el Reino Unido, no es menos que 71 géneros (¡SIETE UNO!) (No estoy seguro de si FB cree que los usuarios del Reino Unido necesitan más opciones que los usuarios que no son del Reino Unido … ?). Resulta que este pequeño “+” es mucho más grande que el resto del acrónimo oficial
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Eugenio
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« Respuesta #21 : 23 Julio 2019, 13:15:04 »

Una nueva ola feminista recorre el mundo

15 febrero, 2017

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El llamado al primer paro internacional de mujeres para el 8 de Marzo, que ya abarca acciones en más de 30 países, confirma que estamos viviendo una nueva oleada feminista mundial. ¿Qué otras olas hubo antes? ¿Cómo es la actual? ¿Cómo activar hoy para avanzar?

Desde Juntas y a la Izquierda y el MST opinamos que en nuestro país, nuestro continente y el mundo se está dando un proceso de ascenso de las luchas y de avance en la conciencia del movimiento de mujeres, una nueva ola feminista mundial. Antes de reseñar sus características, y sabiendo que existen diferentes periodizaciones, hagamos un repaso esquemático de las oleadas previas.

Primera ola: el feminismo ilustrado

Si bien ya desde la Edad Media o incluso antes hubo acciones de reclamo individual y grupal, en general se toma como inicio del feminismo el período en que a nivel teórico y práctico las mujeres articulan un conjunto de reivindicaciones propias y se organizan para lograrlas.
Esto surge en el siglo XVII y se afianza en la segunda mitad del siglo XIX. Plantea la ciudadanía de las mujeres, sus derechos civiles a la educación y al voto, y la reforma del matrimonio en base a la igualdad hombre-mujer. Es la época de la Revolución Industrial y la Ilustración, movimiento europeo que defendía la razón como motor del progreso.
Textos clave de esta primera ola son Vindicaciones de los derechos de la mujer y la Declaración de Derechos de la Mujer y la Ciudadana, de la británica Mary Wollstonecraft y la francesa Olimpia de Gouges respectivamente, ambas participantes de la Revolución Francesa de 1789. La francesa de origen peruano Flora Tristán vincula los reclamos de la mujer con las luchas obreras y en 1842 publica La Unión Obrera, donde propone el primer proyecto de una Internacional de trabajadorxs.

Segunda ola: el feminismo sufragista

Va desde mediados del siglo XIX hasta los años ’50, al fin de la II Guerra Mundial. El eje es el derecho al voto y tuvo mayor fuerza en EE.UU. y Europa, como las sufragistas inglesas.
Esta ola se inició con la Declaración de Seneca Falls, en 1848: unas 200 mujeres y hombres, en base a la Declaración de la Independencia norteamericana, defienden la decisión de la mujer ante sus padres y maridos así como su derecho a votar y a trabajar. Al activismo proveniente de estratos acomodados se suma el de mujeres de clase media y trabajadora. Si bien participan sectores marxistas, el movimiento en general es más bien liberal y reformista, sin cuestionar el sistema capitalista.
Se logra el derecho al voto y a la educación. En la Argentina, en 1918 se funda la Unión Feminista Nacional y en 1920 el Partido Feminista. Las mayores conquistas se dan con la Revolución Rusa de 1917, con los derechos al voto, divorcio, aborto e igualdad salarial y las guarderías, comedores y lavaderos públicos que integran socialmente la tarea hogareña, aunque a los pocos años se retrocede bajo el stalinismo.
En ciertos casos el movimiento feminista se vincula con otros reclamos sociales, como la lucha anti-esclavitud en EE.UU.

Tercera ola: el nuevo feminismo

Nace al calor de las grandes convulsiones de los ’60 y ’70, como el movimiento norteamericano anti-guerra de Vietnam, el Mayo Francés, la Primavera de Praga y el Cordobazo, y retrocede con el auge neoliberal de los ’90, simbolizado por Reagan, Thatcher y Menem.
Contra el estereotipo femenino en los medios y la publicidad, las mujeres reivindican su igualdad y en particular sus derechos sexuales y reproductivos: liberación sexual, educación sexual, anticoncepción, aborto. Surge el concepto de género.
El movimiento se radicaliza y asume que es la estructura económica y social la que genera las desigualdades entre los sexos y por eso cuestiona el patriarcado y las instituciones religiosas a su servicio. Textos icónicos de este período son El segundo sexo de la francesa Simone de Beauvoir y La mística de la femineidad de la norteamericana Betty Friedan.
En 1970, en EE.UU. se hace una huelga por la igualdad de las mujeres, que exigió aborto libre y gratuito, guarderías todo el día e igualdad educativa y laboral. En 1986 se hace en nuestro país el 1º Encuentro Nacional de Mujeres y en 1987 se logra la ley de divorcio. En los ’80 se abren distintas corrientes feministas, un sector es cooptado por el Estado o neutralizado en ONGs y hay nuevos debates sobre las diversidades femeninas, la prostitución y la relación con las lesbianas y mujeres trans.

La ola actual: ascenso y radicalización

Su inicio habrá que precisarlo, pero la primera gran marcha por Ni Una Menos en la Argentina, el 3J de 2015, es una referencia.
A partir de la crisis mundial de 2008, el capitalismo agrava todas las violencias y aplica una ofensiva contra todos nuestros derechos: más feminización de la pobreza, planes de mayor precarización laboral o de subir la edad jubilatoria, recortes al derecho al aborto y la educación sexual, entre otros.
Esta cuarta ola es nuestra respuesta a ese ataque. Las grandes marchas y el paro nacional de mujeres acá, la lucha por Vivas Nos Queremos en México, el paro de las polacas por su derecho al aborto, así como en Irlanda y Corea del Sur, el movimiento italiano Non Una Di Meno, la colosal movilización anti-Trump en Norteamérica, son parte de una verdadera marea feminista global. ¿Cómo no va a ser así si en Rusia, por presión de la Iglesia Ortodoxa, acaban de bajar las penas para la violencia hacia la mujer y los hijos?
Es cierto que resurgen espacios feministas anarquistas o equivocadamente anti-hombres (por ende funcionales al sistema) y también grupos de izquierda o sindicales sectarios que con la excusa de la mujer trabajadora2 minimizan reclamos básicos de todas las mujeres. Pero junto a su internacionalismo que se retroalimenta, esta nueva ola feminista se caracteriza por las acciones callejeras masivas; cuestiona a las instituciones del régimen democrático-burgués (gobierno, justicia, policía); teje lazos con otros reclamos sociales, y aparece una vanguardia con conciencia creciente de que el enemigo de fondo del 99% de las mujeres es el sistema capitalista y patriarcal. En su dinámica, esta ola toma un carácter democrático-revolucionario e inclusive anticapitalista.

El 8M, por todos nuestros derechos

El 8 de Marzo es el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Por primera vez en la historia está lanzado un paro internacional de mujeres, un hecho de magnitud inédita que expresa la etapa actual de crisis sistémica del capitalismo imperialista, inestabilidad global y ascenso de masas.
En la Argentina, el Colectivo Ni Una Menos convocó a un amplio arco de organizaciones y estamos preparando marchas y acciones unitarias. Para el paro del 8M, nosotras proponemos las siguientes consignas: Ni una menos / Aborto legal / Igualdad salarial / No al ajuste de Macri y los gobernadores / Separar la Iglesia del Estado / Integración social del trabajo doméstico / Abajo el patriarcado y el capitalismo. Creemos que dicho programa sintetiza nuestros principales temas de reclamo y señala el objetivo estratégico de la etapa.
Te invitamos a sumarte a impulsar juntxs y con toda fuerza el paro internacional de mujeres del 8M en cada lugar de trabajo o estudio, cada barrio y cada ciudad del país. ¡Vamos por todo!

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El revolucionario acepta las reformas para utilizarlas como una ayuda para combinar la labor legal con la clandestina, para aprovecharlas como una pantalla que permita intensificar la labor clandestina de preparación revolucionaria de las masas con vistas a derrocar a la burguesía.
El reformista, por el contrario, acepta las reformas para renunciar a toda labor clandestina, para minar la preparación de las masas con vistas a la revolución y echarse a dormir a la sombra de las reformas "otorgadas" desde arriba.

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« Respuesta #22 : 23 Julio 2019, 13:20:46 »

¿Por qué marchan las mujeres en Argentina? Tres líderes del feminismo nos explican sus razones

Por Denise Rabin

7 Marzo, 2019

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(CNN Español) — Mabel Bianco se presenta como médica feminista, pero además es la presidenta de la Fundación para el Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM). Este 8 de marzo ella marchará porque cree necesario “exigir que se respeten los derechos de las mujeres a la igualdad y a poder vivir libres de toda forma de violencia y discriminación”.


Para ella, esto incluye principalmente “el derecho a la interrupción legal del embarazo, la eliminación de la violencia y los femicidios, el derecho a igual trabajo, igual remuneración y que las tareas de cuidados no remuneradas sean compartidas y no exclusivamente responsabilidad de las mujeres”. Para eso propone que dichas tareas se compartan entre el Estado, el sector privado y las familias.


En 2019 habrá elecciones presidenciales en Argentina. Bianco anhela que se incorporen mujeres con perspectiva de género en los poderes legislativos provinciales, municipales y nacionales. “Que también haya mujeres con perspectiva de género gobernadoras, intendentas y también en otros ámbitos como eI de empresas, la conducción de los sindicatos y en el Poder Judicial”, agrega.

Sin embargo aclara que lo más urgente hoy es “la legalización o despenalización del aborto, combatir los femicidios y la violencia de género, implementar la ley de Educación Sexual Integral para que chicas y chicos eliminen los roles estereotipados de ser hombres y mujeres, y que sepan cómo ejercer su sexualidad sin riesgos para su salud, en forma placentera y sin tener embarazos que no planifican”.

Raquel Vivanco es una referente del movimiento “Marea Feminista Popular y Disidente” y también está al frente de la presidencia del Observatorio “Ahora Que Sí Nos Ven”. Este viernes se movilizará para denunciar “las terribles violencias y discriminaciones que sufrimos las mujeres en pleno siglo XXI” y exigir “que dejen de matarnos”. Este jueves la asociación civil La Casa del Encuentro presentó un informe que afirma que durante 2018 en Argentina se cometió un feminicidio cada 32 horas.

Vivanco también sumá a sus razones para marchar las dificultades económicas que atraviesa Argentina. “En contextos de ajuste y endeudamiento, las mujeres y las disidencias somos las más perjudicadas. Por eso paramos para hacer visible que la pobreza es violencia y tiene cara de mujer”.


El 2018 fue un año clave para el feminismo en Argentina. A pesar de que no se logró aprobar en el Congreso el proyecto de ley para legalizar el aborto en el país, considerado como uno de los principales reclamos junto con el cese de los feminicidios, el movimiento se instaló como un actor político y social. “Se logró la media sanción de la ley de Interrupción Legal del Embarazo. A pesar de que no aprobó en el Senado, conquistamos la despenalización social del aborto. Este 2019 seguimos en estado de alerta y movilización”, afirmó Vivanco.

Vivanco tiene un anhelo: “Que sigamos consolidando nuestra lucha, unidas en la diversidad, y que pongamos en práctica nuevas lógicas de hacer política”.

Entre las principales asignaturas pendientes menciona el aborto legal, la aplicación de leyes vigentes como la de Prevención, Sanción y Erradicación de la Violencia contra las Mujeres y la ley de Educación Sexual Integral. “También el reconocimiento y valoración del trabajo no remunerado que hacemos las mujeres dentro del hogar y la falta de igualdad de derechos y oportunidades en el ámbito laboral”.
Claudia Piñeiro es una escritora argentina, dramaturga, guionista de televisión y colaboradora de distintos medios impresos. A lo largo de su carrera ha obtenido diversos premios nacionales e internacionales por sus obras literarias, teatrales y periodísticas. En Argentina se convirtió en una de las caras más conocidas a la hora de hablar del feminismo.


“Como tantas mujeres que van a marchar en todas partes del mundo, yo me sumo para consolidar los derechos que obtuvimos y para pedir ampliación de los derechos que nos faltan. Creo que una de las consignas que en algunas ciudades del mundo surgió -“Ni un paso atrás”- significa que no estamos dispuestas a perder lo que conseguimos. Pero no alcanza, avanzamos muchísimo, logramos que nos vieran, somos el movimiento cívico-político más importante en este momento, pero necesitamos que nos otorguen los derechos que nos faltan y que tengamos igualdad de posibilidades en todos los aspectos”.

Entre esos derechos faltantes, Piñeiro menciona el aborto legal, seguro y gratuito. “Que no haya más muertes de mujeres por ser mujeres. Es necesaria la implementación urgente, en todas las provincias, de los protocolos de aborto establecidos en la ley, que en algunas jurisdicciones no se aplica, y lo que está dispuesto en la ley de Educación Sexual Integral, que tampoco se aplica en algunas provincias”.

Piñeiro aspira que en 2019 se avance en una ley que norme la interrupción del embarazo. “En un año electoral será difícil, pero intentaremos mantener el tema vigente para que nadie se olvide que urge su resolución. Le preguntaremos a todos los políticos que se postulen en las listas si están dispuestos o no a otorgar un derecho que es de salud pública”, concluye.

Una frase que te identifica
Mabel Bianco, presidente de la FEIM: “Defiendo la igualdad de las mujeres, porque así se fortalecen los derechos de hombres y mujeres y logramos una democracia igualitaria”.

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Mabel Bianco (Cortesía: Senado de la Nación Argentina)

Raquel Vivanco, referente del movimiento Marea Feminista Popular y Disidente y presidenta del Observatorio Ahora Que Sí Nos Ven: “Lo personal es político”.

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Raquel Vivanco (Cortesía: Pablo Funes)

Claudia Piñeiro, escritora, dramaturga y guionista de televisión: “Que sea ley”.

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Claudia Piñeiro (Cortesía: Alejandra López)

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« Última modificación: 23 Julio 2019, 13:24:03 por Eugenio » En línea

El revolucionario acepta las reformas para utilizarlas como una ayuda para combinar la labor legal con la clandestina, para aprovecharlas como una pantalla que permita intensificar la labor clandestina de preparación revolucionaria de las masas con vistas a derrocar a la burguesía.
El reformista, por el contrario, acepta las reformas para renunciar a toda labor clandestina, para minar la preparación de las masas con vistas a la revolución y echarse a dormir a la sombra de las reformas "otorgadas" desde arriba.

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« Respuesta #23 : 23 Julio 2019, 13:31:32 »

CAUCE-MARABUNTA BASTARDEA AL FEMINISMO PARA ATACAR A LAS ROJAS Y AL NUEVO MAS

MAYO - 17 - 2018

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En la Multisectorial La Plata, Berisso y Ensenada está en curso un debate de principios alrededor de la campaña montada por Cauce-Marabunta contra el Nuevo Mas, a partir de una “denuncia” anónima hacia un compañero del partido.

Este grupo instó a la Multisectorial a pronunciarse para que este compañero, que episódicamente concurrió a alguna reunión de la Multisectorial, sea separado de este espacio, lo que generó un clarificador debate.

Lo primero que se demostró es que en realidad no hay ninguna denuncia hacia nuestro militante. Una compañera histórica de la Multisectorial con tradición de izquierda y una compañera de HIJOS preguntaron expresamente “si alguna de las organizaciones que reproducen la denuncia pudieron hablar con las supuestas denunciantes”, que a decir de la carta anónima serían una “ex militante del Nuevo Mas y una militante actual” de nuestro partido. Las atacantes debieron reconocer que no.

En la carta, además, las supuestas denunciantes dicen haber hecho la denuncia al interior de nuestra organización, cosa que explicamos jamás sucedió.

El CAUCE-MARABUNTA, una de sus jóvenes militantes que es parte de la Asociación ex Detenidos- Desaparecidos y el Frente Popular Darío Santillán Corriente Nacional, con los que compartimos la Multisectorial, directamente descreen de nuestra palabra.

Pese a las evidencias de que es una calumnia, bajo el argumento de “le creemos a las pibas” continuaron con su acusación al compañero de algo tan grave como violación y a nuestra organización de “encubridora”…

Estamos hablando de organizaciones que, por ejemplo, mientras Las Rojas nos pusimos a disposición de las familias de las victimas del “Cuádruple Femicidio de La Loma”, se borraron de una lucha histórica haciéndose eco de las versiones de la justicia patriarcal de que “se habría tratado de un ajuste de cuentas” o barbaridades por el estilo.

UNA CAMPAÑA CON MÉTODO POLICIAL/ESTALINISTA

A partir de la clarificación de los hechos fue que se evidenció que montaron una campaña, alrededor de una denuncia falsa, una amalgama, típico método policial, de servicios y del estalinismo, por el cual partir de hechos verosímiles se monta una calumnia completamente falsa. La compañera de tradición fue categórica: “En una época se atacaba a algún destacado militante de una organización acusándolo de servicio, hoy se hace de esta manera”, comparó.

Desde Las Rojas clarificamos que estos grupos “lejos de aportar a la lucha progresiva del movimiento de mujeres, lo bastardean”.

Explicamos que en el ascenso del movimiento de mujeres, es falso que la protección pase por el anonimato; que la inmensa mayoría de las mujeres salen de su lugar de víctimas y se convierten en luchadoras; que Las Rojas día a día aportamos a ese proceso. Y que cuando alguna vez alguna compañera no se anima a dar el paso, “no hacemos sustituismo”. Que la tarea es organizar a las mujeres. Pusimos como ejemplos la mayoría de los casos emblemáticos en la región como el ya mencionada Cuádruple Femicidio de La Loma, Mariana Condori, Iara Carmona, Flor Cabrera, entre otras, en los cuales fueron las propias víctimas quienes se animaron a denunciar, salieron a luchar, hicieron cortes de calles, acampes en la fiscalía y se enfrentaron a sus violadores, femicidias de sus hijas y sobre todo a la justicia patriarcal. En muchas de esas luchas estábamos Las Rojas solas “creyéndoles” a esas mujeres.

CAUCE-MARABUNTA Y EL FPDS, JUNTO A LOS CAYETANOS

Recordemos que tanto el FOL (cauce-Marabunta) como el Frente Popular Darío Santillán el 1 de Mayo fueron al acto de “Los Cayetanos”, de la Ctep y el Evita, que responden al Papa Francisco y el Vaticano, enemigo de los derechos de las mujeres empezando por el del aborto y aguantadero de pedólfilos.

No hace falta aclarar que son parte junto a la CGT de los sectores dialoguistas con el gobierno de Macri que trae a la Argentina de nuevo al FMI. Y que en el terreno sindical, lejos de pelear por el pase a planta de los cooperativistas, quieren sindicalizarse aparte para terminar de legalizar la súper explotación laboral y a la vez seguir siendo usados para reventar el salario de los municipales efectivos. Completamente funcional a la reforma laboral del gobierno.

LA CRISIS DE LA “IZQUIERDA INDEPENDIENTE”

En realidad en este espacio de la autodenominado “izquierda independiente” es donde hay una gran confusión, para ser generosos, de independencia política y moral. En sus filas se produjo una terrible crisis a fines del año pasado cuando una organización, Marcha Guevarista, implosionó con denuncias masivas de violación y todo tipo de violencia de género.

Cauce-Marabunta, en ese contexto, se apuró a purgar a seis militantes ¡sólo de la regiona La Plata!, lo que evidencia que en esas organizaciones, a diferencia de lo que pasa en la izquierda, hasta ayer nomás “toda la organización (empezando por su dirección) ocultaba y no daba respuesta a la problemática de violencia de género que puede haber dentro”.

Consecuentemente con este bandazo, la página “las pibas no nos callamos más” desde la que montan sus ataques, no es encabezada por la lucha por el derecho al aborto, ni continúa con la pelea contra la Iglesia, el Gobierno, la burocracia sindical y la oposición patronal. ¡No! Se dedica a atacar en su mayoría a militantes de izquierda.

Paralelamente, en la Facultad de Derecho, donde estudia nuestro compañero, Cauce convocó a todas las agrupaciones a una asamblea de mujeres, incluida la Franja Morada, conducción del centro y gestión de la Facultad de la que echamos con la movilización al juez Piombo, a organizar un escrache a nuestro compañero.

Así fue que un grupo del peronismo que en las últimas elecciones fue con Randazzo y Libres del Sur, ex Prat Gay y Massa, les pusieron el cuerpo a la campaña.

El mismo día que durante toda la jornada llamamos a marchar a Congreso para repudiar el acuerdo con el FMI y contra el tarifazo, a la tarde cuando estábamos camino a Capital, inundaron de volantes calumniosos contra el compañero y escracharon nuestra mesa y nuestras carteleras.

Cuando al otro día, de frente, los increpábamos como responsables políticos del escrache, se victimizaron y le fueron a pedir a la gestión de la justicia patriarcal y de la Franja que “sancione a los militantes del ¡ya Basta! por violentos”.

Nunca mejor dicho lo que es actuar de quinta columna. También nos escracharon mesas y carteleras el viernes en las Facultades de Humanidades, Psicologia y Periodismo, en el marco de un paro docente. Escrachadores anónimos y carneros.

LA MULTISECTORIAL Y LOS PRINCIPIOS


No contentos con eso, el sábado a primera hora de la mañana nos encontramos con una pintada en la puerta del local central del partido en la región. “Nuevo Mas yuta”, muerte al Macho” eran las consignas. Todo anónimo, tanto en las facultades como en el local.

Ese mismo día planteamos a la Multisectorial la gravedad del hecho y pedimos que se pronunciara. Las fuerzas de independencia de clase, con distintos énfasis, lo hicieron. Los que fueron con los Cayetanos, no: ni el Frente Popular, ni Cauce-Marabunta, ni su compañera en ex Detenidos. Carlos Zaidman, de la AEDD, ex militante del PCR, con quien coincide ante cada situación fundamental de la lucha de clases, también aclaró que no está a favor de pronunciarse sin argumentación alguna.

Desde el Nuevo Mas consideramos que la Multisectorial debe reunirse de urgencia para poner en pie una campaña contra el FMI y Macri, independiente de los sectores patronales. Y en segundo lugar, para posicionarse contra los ataques sin principios a la izquierda. En los dos puntos hoy hay un bloque que se opone a esto. Hay que fortalecer a la Multisectorial de cara a la lucha de clases con clarificación política y de principios.

 

LAURA

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El revolucionario acepta las reformas para utilizarlas como una ayuda para combinar la labor legal con la clandestina, para aprovecharlas como una pantalla que permita intensificar la labor clandestina de preparación revolucionaria de las masas con vistas a derrocar a la burguesía.
El reformista, por el contrario, acepta las reformas para renunciar a toda labor clandestina, para minar la preparación de las masas con vistas a la revolución y echarse a dormir a la sombra de las reformas "otorgadas" desde arriba.

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« Respuesta #24 : 23 Julio 2019, 13:39:09 »

Es de notar la gran profusión de agrupaciones, (con nombres ridículos) que hay en nuestro país.
Además, como se pelean entre las distintas agrupaciones feministas.
Como desde hace años, se venía gestando esto, impulsado por grupos trosquistas.
Otro tema, es como (incluso entre estos mismos grupos pro feministas) utilizan el cuento del acoso para atacar a los hombres.
Temas importantes y serios, son empañados con tonterías y peleas entre grupitos.
Tengamos en cuenta que este culebrón sucedió entre las gigantescas marchas de diciembre del 2017 y octubre del 2018, donde se dieron verdaderas batalles campales en el Congreso con decenas de miles de manifestantes enfrentando a la policía, gendarmeria y prefectura.



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« Respuesta #25 : 23 Julio 2019, 13:52:28 »

La colegiala K que impactó en la contracumbre del G20

Ofelia Fernández, de 18 años, fue la expositora más joven del foro de Clacso. Militante de pañuelo verde, trabaja por CFK 2019 y es una de las feministas preferidas de Juan Grabois.

21 de noviembre de 2018


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Por Daniela Gian

Con pañuelos verdes atados a las muñecas, hombres y mujeres levantan las manos para aplaudir con entusiasmo. Se levantan de las sillas que ocupan en el foro organizado por Clacso, que se presentó como “la contracumbre del G20”. En el escenario, la que recibe la ovación es Ofelia Fernández, la estudiante de 18 años del Colegio Pellegrini que milita el regreso de CFK desde el Frente Patria Grande, con Juan Grabois a la cabeza.

(Lea también: Juan Grabois: “Estaría bárbaro que Larreta fuera jefe de Gabinete de CFK”)

“Las recetas de nuestro conocimiento hoy las escribió el Banco Mundial y no queremos eso, no queremos que nos eduquen para la obediencia“, lanza Ofelia, de melena sobre los hombros y vestido floreado. “La revolución la hacen los pueblos y desde las escuelas tenemos la primer trinchera para eso”, agrega. Habla rápido y estridente, pero sabe manejar los tiempos del discurso y frenar para hacer espacio a los aplausos.

El video, acá:

Ofelia Fernández fue presidenta del centro de estudiantes del Pellegrini hasta 2017, es actriz y milita en la organización social La Emergente. Pero se hizo conocida en los últimos meses durante el debate por la Interrupción Voluntaria del Embarazo, que defendió efusivamente en el Congreso.

Esta semana, fue la oradora más joven del encuentro organizado por Clacso. Integró el panel “En defensa de la educación pública” y se subió al mismo escenario en el que Cristina Kirchner pidió que se unan “pañuelos verdes y celestes”.

(Lea también: Uno por uno: quiénes son los fieles laderos de CFK)

Ofelia sabe de compartir espacio con celestes. Hace unas semanas, acompañó a Juan Grabois en el lanzamiento de su nuevo espacio político, que tiene a CFK como candidata para 2019. Y dio un discurso en el que dijo: “La tibieza de la burguesía a mí me seca la concha”.

Al amigo del Papa, que está a favor de despenalizar el aborto pero no de legalizarlo, le encanta citar a Ofelia al conversar y la pone de ejemplo para evangelizar con la idea de la unidad. “Me tengo que fumar a Ofelia diciendo eso de la cosa seca, que para mí es un horror. A mí no me gusta, pero me la tengo que bancar porque construir unidad no es que todos digamos las mismas boludeces o grandes cosas, es que, como dijo el Papa Francisco, soportarnos con amor”.

Meses atrás, cuando el debate por el aborto estaba en el centro de la agenda pública, Ofelia pensaba muy diferente a ahora: “Una persona que quiere decidir por mi cuando y como ser madre no me respeta, ni merece mi respeto”, escribió en su Twitter. Hacía referencia a la reconciliación entre pañuelos verdes y celestes. Lo mismo que hoy tolera en silencio.

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« Respuesta #26 : 23 Julio 2019, 14:38:26 »

Estas no son mujeres de provecho  Para ver el contenido hay que estar registrado. Registrar o Entrar
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El tanque Armata y los patriotas ucranianos tienen una cosa en comun: la torre deshabitada.

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« Respuesta #27 : 23 Julio 2019, 16:21:02 »

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Igual no es recomendable tener relaciones con estas feministas, por más buenas que estén.
Como está la cosa, te denuncian de gusto y podés terminar preso.
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« Respuesta #28 : 23 Julio 2019, 16:51:24 »

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Igual no es recomendable tener relaciones con estas feministas, por más buenas que estén.
Como está la cosa, te denuncian de gusto y podés terminar preso.
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Estan locas, esto esta mas que claro. Al GULAG y listo.
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El tanque Armata y los patriotas ucranianos tienen una cosa en comun: la torre deshabitada.

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« Respuesta #29 : 23 Julio 2019, 17:07:25 »

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Estan locas, esto esta mas que claro. Al GULAG y listo.

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